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miércoles, 5 de octubre de 2011

Las falsedades de El Espectador

EE_Logo_reasonably_small Dentro del aparato de presión y desinformación montado por el movimiento abortista par impedir que la voluntad de más de cinco millones de colombianos se convierta en una reforma constitucional que reviva desde la tumba el Derecho a la Vida, prácticamente pulverizado por la sentencia C-355, y restaure la integridad de la Constitución Política de 1991, herida letalmente por la Corte Constitucional (ironías de la política), es indudable la labor que realiza el diario el Espectador. El diario más antiguo del país, y que fue catalogado en alguna ocasión como uno de los mejores diarios del mundo ha optado por una línea editorial absolutamente sectaria y digna más de un panfleto de propaganda que de un diario con tal nombre. El Espectador que es capaz de alternar entre el antigobiernismo radical y el oficialismo moderado, es incapaz de rebajarle una a la Iglesia Católica. Ya la Iglesia se encuentra acostumbrada a recibir una oleada de ataques o de desinformación de forma periódica de parte del diario. Ahora, el diario El Espectador, junto con la Revista Semana son los principales difusores de la propaganda abortista y de desinformación respecto del mismo tema.

No se trata de la primera editorial que hace apología directa del aborto, pero sí es aquella en la que las falsedades se suceden una a otra de forma tan organizada que nos ahorra el trabajo de inferirlas del texto. Hablo del editorial del El Espectador del día 2 de Octubre, Titulado: “Sotanas Legislando”, lo que ya deja ver cómo argumento principal la ya tan repetida falacia.

El artículo editorial se centra principalmente en dos premisas:

  1. La prohibición del aborto se basa exclusivamente en los dogmas de la Iglesia Católica
  2. Prohibir el aborto sustituiría el espíritu de la Constitución Política de Colombia

Existiría además una tercera, que en realidad es un soporte de la primera, y es la afirmación de que la ponencia presentada por el Senador Manuel Enríquez presenta información falsa, de entre lo que resalta presentar como ciertas “afirmaciones científicas sobre el momento en el que empieza la vida humana, sobre lo cual en realidad no existe consenso”, un sofisma en toda regla. A la vez que inmediatamente después le da el valor de certeza, que le niega a la ponencia del proyecto, a las afirmaciones realizadas en la audiencia pública organizada por la Senadora Gloria Inés Ramírez, afirmaciones realizadas por científicos expertos en “estudios de género”. Cualquiera puede consultar la lista de panelistas y verá que si alguna disciplina brilla por su ausencia en el panel esa es justamente la genética.

Desmontar la primera afirmación puede ser tan fácil como presentar una Liga de Ateos y Agnósticos Pro-vida, o demostrar científicamente que el comienzo de la vida humana se da en el momento mismo de la concepción, como admitió la misma Mónica Roa en la mencionada audiencia pública. No sobra decir que tal información, lejos de estar encriptada en tecnicismos, es perfectamente comprensible y deducible a partir de los conocimientos impartidos en la educación básica secundaria en Colombia. Cualquiera puede hacer un breve recorrido por la web para darse cuenta que toda la oposición a tal demostración está absolutamente originada desde la sofistica presocrática, sea de carácter irracionalista (“simplemente no podemos saber cuándo comienza la vida”), constructivista (“la vida comenzará cuando haya un consenso al respecto”), nominalista (“¿A qué llamamos vida?”), voluntarista (“será lo que seamos que sea”), utilitarista (“existirá mientras sea útil”), o simplemente subjetivista (“mientras no lo veamos ni hablemos con él, nunca existió”).  Si acaso, la objeción más seria realizada sería el tema de la gemelación, según la cual si un cigoto puede dividirse en dos personas, querría decir que en realidad no se trata de una persona humana. Pero como bien explica el Doctor Agustín Losada en éste artículo, se trata de una falacia por equívoco que confunde individualidad con unicidad, y que en realidad hace el asunto más grave pues en ver de eliminarse una persona, se pueden eliminar dos. (Recomiendo además este otro artículo de su blog acerca de la humanidad del embrión)

De hecho, el editorial de El Espectador falsea completamente la intervención de Senador Roy Barreras, cuando dice:

Durante el debate el senador conservador Enríquez Rosero, ponente del proyecto, presentó un video con supuesta evidencia científica sobre el tema, en el que se presentaron imágenes falsas sobre el aborto. Como lo señaló el médico y senador Roy Barreras en el debate, las imágenes no corresponden con la realidad, ni con imágenes médicas de embriones ni fetos. Su presentación es un intento ruin de manipular a la opinión pública y a los senadores, que no tiene conocimiento médico para juzgar su veracidad.

Cuando lo único que dijo el senador fue que ninguna de las imágenes del video “correspondía a un embrión”, y que desconocía “la diferencia entre un embrión y un feto”, mientras que, contrario de lo dicho por el editorial, reconoció el video como una realidad cruel y deplorable él también rechazaba.

Las imágenes del vídeo son abortos reales, la afirmación de El Espectador de que “se presentaron imágenes falsas sobre el aborto” sólo hace parte de la urgida campaña de los abortistas por ocultar la realidad del aborto para poder inducir a las niñas a abortar en total desconocimiento de lo que ocurre. Por esa misma razón rabiaron cuando en EEUU el Estado de Texas aprobó una ley que obliga a que la mujer tenga una ecografía antes de realizarse un aborto, e incluso llegaron al punto  de hacer arrestar a un grupo de estudiantes de la Universidad de Carleton por “mostrar imágenes ofensivas”.

Ahora, aprovecharé para abordar una cuestión importante:  ¿mostrar imágenes de abortos es un “intento ruin de manipular los sentimientos de la opinión pública”? A lo que yo respondo con otra pregunta ¿Por qué se verían tocados los sentimientos de quien ve el video de un aborto? ¿Por que el Senador Velasco preguntó si “el video no era muy fuerte para el público”? Cuando se niega lo evidente no hay otro remedio que  confrontar a la voluntad con los sentidos, poner en frente de lo blanco al que dice “negro”. Si no se convencerá, porque no quiere, por lo menos quedará expuesto como un mentiroso. Mostrar imágenes de abortos no es apelar a los sentimientos sino a los sentidos, del mismo modo que se le muestran imágenes de la gente aterrorizada a quien niegue que el 11-S fue un acto de terrorismo. Por eso los abortistas aborrecen que se muestre imágenes de una aborto, porque en ellos se ve a un ser humano perfectamente formado que es sacado muerto del vientre de su madre, contra todo lo que quieren ellos que la gente crea.

La segunda premisa es aún más fácil de desmentir, incluso los católicos tenemos ya experiencia en este campo pues emula perfectamente al reclamo de los progresistas sobre “el espíritu del concilio”, un conjunto de ideas absolutamente contrarias a los textos conciliares. Así bajo el “Espíritu de la Constitución” se esconde un ideario laicista y progresista que es absolutamente contrario al texto constitucional. Donde dice “Estado Laico”, “libertad de conciencia” y “libre desarrollo de la personalidad” se convierte en sus labios en un cajón sin fondo de donde sale toda clase de teorías, una patente de corso según la cual el Estado colombiano se habría comprometido a concederles cualquier deseo y a otorgarles al país como ratón de laboratorio para que experimenten cuanta cosa salga de sus mentes. Curioso que en sus mentes la libertad de conciencia sea traducida como una adhesión total y absoluta del Estado a su ideología particular.

La exposición de motivos del PAL 06/11 referencia explícitamente las actas de la Constituyente de 1991 donde los intentos por incluir el aborto en el texto constitucional son definitivamente rechazados por abrumadora mayoría, y donde se muestra cómo los constituyentes creían que bajo la expresión “el derecho a la vida es inviolable” quedaba incluida la expresión del Pacto de San José que estipula que el mismo debe respetarse desde la concepción. Incluso son citadas las sentencias constitucionales (más de tres) en que se rechazó el aborto, y el salvamento de voto a la C-355, donde los magistrados rechazaron el aborto por se abiertamente inconstitucional.

Finalmente queda la duda acerca de por qué la insistencia de los abortistas en un argumento de entre los más débiles que puede haber. Cualquier colombiano de a pie puede cuestionar su postura contra el aborto y verá que no hay nada de confesional en sostener que el embrión es ya un ser humano y que su vida debe respetarse como la de cualquier otra persona. Tal vez es que a través de este “hombre de paja” quieren crear polarización en los medios y aprovecharse de la aversión natural de la gente a definirse en posturas radicales. Es imperativo por lo tanto contrarrestar esta estrategia de desinformación y educar a la gente en conocer a profundidad el tema del aborto y no temer a expresar sus posturas.

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