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jueves, 22 de marzo de 2012

Apóstoles de la muerte, por Germán Mazuelo-Leyton

Artículo de Germán Mazuelo-Leyton en la revista ConoZe.com

Mal que pese a muchos enemigos de la Iglesia católica y a no pocos detractores del magisterio pontificio, la condenación del aborto no es, como muchos atribuyen, un capricho de los Papas. Es una doctrina cierta, grave, invariable de toda la Iglesia de Cristo, desde que Él la fundó hace dos milenios.

El Beato Juan XXIII, el «Papa bueno», en su encíclica «Mater et magistra», daba este terrorífico diagnóstico: «La vida del hombre ha de considerarse por todos como algo sagrado, ya que desde su mismo origen exige la acción creadora de Dios. Por tanto, quien se aparte de lo establecido por Él, no sólo ofende a la majestad divina y se degrada a sí mismo y a la humanidad entera, sino que, además, debilita las energías íntimas de su propio país» (nº. 194).

El Concilio Vaticano II, en nombre de la Iglesia entera, calificó el aborto de «crimen abominable».Crimen, porque es un auténtico asesinato, a sangre fría, aunque sea invisible el inocente asesinado vilmente; y abominable porque se arrebata la vida a un incapaz de defenderla por su cuenta.

Hay quienes ingenuamente se extrañan de que Benedicto XVI al igual que sus predecesores condene el aborto y exija a los Estados defender la vida, como lo hizo en Barcelona en 2010: «La Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familia… la vida humana en su gestación, en su alumbramiento, en su crecimiento y en su término natural», o en Austria «el derecho humano fundamental, el antecedente de cualquier otro derecho, es el derecho a la vida misma. Esto es verdad desde el momento de la concepción hasta la muerte natural».

Muchos han recibido con desagrado, la actuación del Papa, lo que manifiesta que nuestra sociedad perdió el sentido del crimen, lo que señala que ha perdido el sentido del pecado.

Lo más trágico es que también hay cristianos que han perdido el sentido del crimen, ya que les parece indiferente el aborto, y hasta lo defienden en casos especiales, como si el crimen fuera menos crimen en esos casos. Se va formando una opinión pública que resta al aborto su maldad y hasta se pide que los gobiernos lo permitan en algunas circunstancias. Ignoran que el aborto es una violación grave y vil del quinto mandamiento, tanto más despreciable en cuanto se verifica sobre una persona que tiene derecho a la vida, derecho concedido precisamente por los mismos que luego quieren arrebatárselo.

Manifiestan aquellos, que «el Papa sigue haciendo el ridículo». Sí que hace el ridículo ante los malos cristianos, ante los que desprecian abiertamente la ley de Cristo a quienes no dan la misma propiedad de la vida a los demás, de la misma forma como consideran la suya. Desde el momento en que un cristiano ve con indiferencia el aborto, está ya condenado por Cristo, quien afirma: «amarás a tu enemigo y rogarás por él»; si Jesús obliga a amar a un enemigo, ¿cómo va a perdonar que, con el aborto, se persiga y se aniquile a un amigo, al menos a un inocente?

Las declaraciones y actuaciones del Papa irritan a ciertos ambientes, muy particularmente a los lobbies que promueven y financian las esterilizaciones masivas, la contracepción, el aborto, que financian la distribución masiva de preservativos a niños y adolescentes, y que subvencionan leyes con el rótulo de «derechos sexuales y reproductivos», legislaciones que estos grupos de influencia cabildean e imponen a los estados. Como decía Andrea Tornielli, coautor del libro «Ataque a Ratzinger: «el poder secularizado teme al anuncio de una verdad irreducible, hay lobbies y grupos de poder a los que les molesta la moral cristiana y la enseñanza ética de la Iglesia. En ciertas situaciones la voz de la Iglesia permanece como el único baluarte de una conciencia no anestesiada… quieren hacer ver (al Papa) como un retrógrado conservador, anti liberal y anti democrático».

Ante la postura católica, la denominada «salud reproductiva» –falacia ante la que se camufla el aborto–l a tiene difícil. Esta ideología en los últimos tiempos ha sufrido connotados traspiés, aunque sigue ofreciendo sus gangas a los países subdesarrollados, o a los que están pasando dificultades económicas, por ejemplo en la Unión Europea, organización que le da al aborto el status de «derecho».

«Precisamente la familia merece una atención prioritaria –explanaba Benedicto XVI a los Nuncios Apostólicos en América Latina– pues muestra síntomas de debilitamiento bajo las presiones de lobbies capaces de influir negativamente en los procesos legislativos. Los divorcios y las uniones libres están aumentando, mientras que el adulterio se contempla con injustificable tolerancia. Es necesario reafirmar que el matrimonio y la familia tienen su fundamento en el núcleo más íntimo de la verdad sobre el hombre y sobre su destino; una comunidad digna del ser humano sólo se puede edificar sobre la roca del amor conyugal, fiel y estable, entre un hombre y una mujer» (17 de febrero de 2007).

Las organizaciones pro-aborto como Planned Parenthood o el Legal Momentum Fund financiadas por las chequeras de George Soros, Feeney Chuck, o de las multinacionales como Ford, Google, Microsoft o Goldman Sachs, JP Morgan, Pfizer, o de fundaciones como David y Lucile Packard, o Mc Arthur. La Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF), la organización que más promueve el aborto en todo el mundo, ha recibido millones de dólares de fundaciones de Estados Unidos.

Como diría el Beato Juan Pablo Magno: «La confrontación histórica más grande que los siglos han conocido es la lucha entre la Iglesia y anti-iglesia, el Evangelio y el anti-evangelio».

Ante el Evangelio de la Vida,la anti-iglesia, promueve un anti-evangelio disfrazado de derecho. Los apóstoles de Cristo anuncian la cultura de la vida, los apóstoles de la muerte promueven la cultura de la muerte.

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