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jueves, 8 de marzo de 2012

La mujer trabajadora y su vida familiar, por Carmen Bellver

Interesante artículo de Carmen Bellver publicado en su blog en Periodista Digital.

Cuando llega esta fecha me siento mal. Ya no me gusta celebrar el día de la mujer trabajadora. Llenamos de carteles la escuela, les hablamos a los niños de lo importante que son las mujeres y les pedimos que feliciten a su madre, porque aunque no es su aniversario es el día de la mujer en mayúsculas. Queda por el camino la historia heroica de esas pioneras de la conciliación laboral, historia para mayores, no para niños. Y queda también toda una trayectoria fenomenal de esas mujeres de pueblo que no paraban de trabajar en su casa desde el alba hasta la madrugada. Mujeres que hacían conservas, que sabían ser costureras y renovaban el vestuario de la casa, que iban a recoger la aceituna, que preparaban exquisitos dulces. La vida moderna se ha llevado ese tipo de mujer, como mucho sigue presente en los países emergentes, donde las misioneras les enseñan precisamente a subsistir en el hogar.

Sin embargo, me gusta que la mujer sea independiente, que pueda tener una trayectoria profesional. Pero no me cabe duda que por el camino tiene que sacrificar muchas cosas y ese sobreesfuerzo se paga. La madre trabajadora apenas puede dedicarse a sus hijos, vive pendiente de tenerlos ubicados hasta que llega a las ocho a casa. Por eso muchas de ellas, siguen renunciando a una vida profesional. Se sienten divididas interiormente, culpabilizadas por no llegar a todo, por no poder dedicar suficiente tiempo a la educación de sus hijos. No es más fácil la vida para la mujer en este siglo XXI, aunque tengamos todos los electrodomésticos en casa, siguen faltando horas para cubrir el día con tranquilidad.

Un modo de tener tranquila la conciencia es apuntar a los hijos a actividades extraescolares, mientras seguimos trabajando y los abuelos hacen de canguros hasta que llegamos a casa. Pero eso agota a los niños, que apenas tienen tiempo para jugar. Queda muy lejos esa infancia callejera, jugando en libertad. Hoy el tráfico hace imposible dejar a un niño corretear por la calle. El recurso de los parques obliga a la salida tutelada, y no siempre es posible. Por eso, hoy los niños no saben jugar entre ellos. Les cuesta practicar los juegos de rol que antiguamente nos socializaban.

Las mujeres hemos ganado visibilidad en la sociedad, de eso no cabe la menor duda. Hoy la mujer accede a puestos de trabajo antes impensables. Y la igualdad, desde la diferencia, ha sido conseguida con largueza. Nadie se extraña de ver una mujer militar. Pero hace apenas cincuenta años, era imposible acceder a muchos de esos trabajos. Queda por tanto en el camino educar para la vida familiar. Esa es la asignatura que hoy en día suspenden muchos padres. Ocupados en sus respectivos trabajos, llegan agotados a casa y no tienen tiempo o ganas para dejarse la piel con sus hijos.

Eso es algo que se nota en las aulas, el rendimiento escolar baja mucho si no hay alguien pendiente de que hagan las tareas, que ordenen su habitación, que adquieran hábitos y autonomía. Por eso en esta fecha a una le gustaría dejar de celebrar el día de la mujer trabajadora, para pasar a celebrar el día de los padres. Ellos en definitiva son quienes se ocupan del trabajo más difícil en la vida, criar unos hijos, educarlos en la responsabilidad y darles autonomía. Es un trabajo que no está pagado, que no tiene horarios, que se hace por amor y que ha sido siempre imprescindible. Sin la familia la sociedad fracasa.

Pero bienvenida sea la igualdad de oportunidades. Solo que una sigue pensando que la sociedad debería implicarse más con la familia y facilitar la conciliación antes que seguir hablando de algo tan asumido como el acceso al trabajo de la mujer. Es un tema del siglo pasado que se nos vuelve anacrónico de tanto manosearlo. Hay ahora cosas más importantes que tratar. Especialmente faltan mediadores familiares para ese asesoramiento a las familias que ejercen el papel más difícil del mundo: el de padres. Muchos pueden triunfar en la vida profesional pero no cabe duda que si fracasan en la vida familiar la pérdida es más importante a nivel personal.

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