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viernes, 3 de mayo de 2013

Señores El Espectador ¿Cuántas muertes son, para ustedes, suficiente avance?

EE_Logo_reasonably_small El día de ayer, frente a la presentación de las primeras 320.000 firmas para iniciar la campaña del Referendo por la Vida, el diario El Espectador publicó un Editorial titulado “mejor avancemos” donde critican la iniciativa diciendo que “es inconcebible que siga habiendo personas que (…) quieren cambiar un derecho reconocido, que debería practicarse con libertad y no en medio de los juicios de valor y las reprimendas sociales”, por el contrario ellos piden “Regular el aborto, hacer protocolos de salud, defender los derechos reproductivos de las mujeres. Ampliar la protección, por qué no, para que sea permitido en todos los casos, como una elección libre, lejos del tabú que hoy significa.”

Resulta cuando menos hipócrita que pretendan comenzar por admitir que “ninguna colombiana quiere abortar” para decir, acto seguido, que el aborto “debería practicarse con libertad”. Por lo menos hay que reconocerles haber dejado atrás la careta de “no estoy a favor del aborto pero…”, pues ya están reconociendo que su deseo está lejos de pretextos como ‘la salud de las mujeres’ sino que buscan que las cifras de abortos aumenten.

40 años después de la sentencia Roe vs Wade en Estados Unidos, las cifras del aborto ha dejado atrás a los peores genocidios del siglo XX: 55 millones de inocentes han sido asesinados antes de nacer. Bueno, no todos: En los pasados días se viene llevando a cabo en el Estado de Pennsylvania el juicio al Dr. Kermit Gosnell, acusado por la muerte de una madre a quien dejó desangrarse en su abortorio y por el homicidio de siete bebés a quienes les cortó la médula espinal luego de haber nacido vivos.

¿Cuál es la otra cara de la moneda? Planned Parenthood, la principal empresa abortista de los Estado Unidos ha podido ostentar sus más de 500 millones de dólares en utilidades durante los últimos 9 años, gracias al negocio del aborto. Resulta predecible que sean los primeros en oponerse a cualquier norma que proteja a los niños aún luego de haber nacido.

En Colombia la Procuraduría fue la encargada de dimensionar el genocidio: 34.000 abortos se han practicado en los últimos cuatro años. No fue inocente la felicidad de los abortistas ante la aprobación del Misoprostol en el POS: así han podido ver que el número de abortos suba y suba, sin importar que después las jóvenes lleguen desangrándose a los hospitales. No sabemos tampoco cuántos de esos abortos habrán sido “post-parto” (La nueva forma de llamar al infanticidio), como lo avaló la Corte Constitucional en su sentencia T-388 de 2009.

No, señores El Espectador, no pretendemos cambiar las reglas de juego, sino que estas se apliquen para todos los seres humanos, nacidos y por nacer. No queremos hundir los derechos de nadie, sino restituir el espíritu original que la Constituyente del 91 dio al artículo 11 de la Constitución, y que la Corte Constitucional ratificó en sentencias sucesivas hasta aquel fatídico 10 de mayo de 2006.

Dicen ustedes “ese no es el punto”, “hay una diferencia de, digamos, sujetos de derecho. De impacto, de procedimiento”. ¿En serio? ¿Acaso el homicidio deja de serlo por realizarse con un fórceps? ¿Es acaso menos homicida el Zyklon B que un balazo? No, señores El Espectador, el niño por nacer no deja de ser persona, sujeto de derechos, porque el Estado así lo diga. Por ese camino no haremos más que acumular montañas de cadáveres, así cada uno quepa en la palma de la mano. No nos pidan avanzar más por esa vía; el aborto es una injusticia y un crimen que ha de terminar cuanto antes.

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