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domingo, 30 de junio de 2013

Editorial: No hay paz sin perdón, no hay perdón sin arrepentimiento.

Tal vez es la primera vez que en Voto Católico abordamos el tema de la paz a nombre propio. Siendo este un tema fundamental sobre el que debería haber consenso desde el inicio de los diálogos en La Habana el asunto ha estado tan politizado y tan lleno de señales contradictorias, que temíamos que cualquier pronunciamiento al respecto fuera visto como una adherencia nuestra a uno de los sectores políticos en que se divide la opinión pública. Sin embargo, dado que la polarización no ha hecho sino aumentar y es evidente que las negociaciones serán bandera de campaña, nos vemos obligados a sentar esta postura editorial ahora, cuando la campaña aún no ha comenzado formalmente.

Permítasenos empezar diciendo que seríamos malos católicos si nos opusiésemos a los esfuerzos para alcanzar la paz. La paz es un fin justo en sí mismo, y su consecución amerita realizar sacrificios, mientras estos no atenten contra la Justicia o la Verdad, pues esto sería minar desde sus fundamentos la paz conseguida. Como católicos estamos obligados a trabajar por la paz si es que de veras queremos ser llamados hijos de Dios. Ahora, la paz que buscamos no es la paz "como el mundo la da", esto es la mera ausencia de confrontación, sino que buscamos la paz que proviene del corazón cuando este se encuentra en la presencia de Dios, la reconciliación en la Verdad. La esperanza nos mueve a celebrar y apoyar cualquier esfuerzo por la paz con la fe puesta en que Dios nos la concederá.

Esto no significa, en ningún momento, que haya que suspender el razonamiento crítico respecto del camino por el cual se busca la paz. Una mala negociación no sólo podría no traer la paz, sino que podría empeorar la guerra, como ya ha ocurrido en anteriores oportunidades. Ya lo ha advertido la Iglesia en innumerables ocasiones: No es posible la paz sin la reconciliación, como no es posible ésta sin la Verdad.

Preocupa la deriva que han tomado las negociaciones de paz en La Habana, pues las declaraciones de las FARC, lejos de rechazar la violencia parecen justificarla, y detrás de la negociación tan amplia de la agenda del país se burla la condena a violencia en la mera condena de sus supuestas causas. Con motivo de la canonización de la Santa Madre Laura Montoya, el presidente Santos dijo que Colombia tiene “una inmensa necesidad de reconciliación, de perdonar, si queremos lograr la paz". Más de acuerdo no podríamos estar, y sin embargo ¿Cómo perdonar a quien no está arrepentido de lo que ha hecho? ¿Es acaso posible perdonar al que no siente necesidad de ser perdonado?

Si la conclusión de las negociaciones en La Habana es que la insurrección armada estaba totalmente justificada, ¿Qué paz podemos esperar de este proceso? Consideramos que este debe ser el punto de partida de todo proceso que honestamente busque la reconciliación y la paz.

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