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viernes, 21 de febrero de 2014

La pendiente deslizante de la Eutanasia, por Danelia Cardona

Compartimos la columna de la Dra. Danelia Cardona, Directora del Departamento para la Promoción y Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal, publicada en el sitio web de la CEC.

Escrito por: Danelia Cardona Lozada - El parlamento belga aprobó un proyecto de ley para legalizar la eutanasia en niños. Desde el 2002 la eutanasia para adultos es legal. En Holanda existe un protocolo de eutanasia para recién nacidos, el protocolo de Kronninger. Puede parecernos horrorífico, intolerable, aberrante. Sin embargo, estos vecinos de los países bajos llevan por mucho tiempo ejerciendo "el derecho a una muerte digna", nada más lejos de la verdad.

Es importante establecer que una sentencia de la Corte Constitucional no es igual a una ley, y así la Corte Constitucional colombiana haya fallado algunas sentencias despenalizando la eutanasia, los proyectos de ley presentados en el legislativo – el Congreso de la República – han sido rechazados, lo que establece que la eutanasia o el suicidio asistido siguen siendo un delito.

Legalizar la eutanasia es el peor tipo de piedad que se puede ofrecer. Primero, lesiona en todas sus dimensiones la relación médico paciente. Un paciente terminal o con un sufrimiento "insoportable" es un paciente vulnerable, que busca en los ojos de su médico una luz de esperanza, de apoyo, de fortaleza para salir adelante. Una vez legalizada la eutanasia el paciente puede sentirse coercionado a actuar de acuerdo "al mejor interés" de su médico para con él. La relación médico paciente se basa en unas características bioéticas, que desde una aproximación principialista exige la ponderación del principio de autonomía, justicia, no maleficencia y beneficencia.

Un paciente tiene derecho a decidir por si mismo (principio de autonomía) pero no por encima del principio de beneficencia y de no maleficencia, ejes de la relación médico paciente. Desde una aproximación personalista, la persona humana como eje del ejercicio de la medicina, se considera que toda acción debe ir al beneficio de la integridad total de la persona, dentro del marco bioético de la relación médico paciente. La eutanasia no es un acto médico, por lo tanto no debería ni siquiera considerarse.

No se pueden elevar los derechos individuales por encima del bien común. La legalización de la eutanasia deja a una población de pacientes vulnerables en riesgo. Los pacientes terminales, que al enfrentarse a la muerte hacen un examen de vida lo que les lleva a momentos emocionalmente difíciles, además de su enfermedad dolorosa. Los pacientes mayores que pueden sentirse como una carga para su familia. Los pacientes psiquiátricos que sufren enfermedades crónicas, incapacitantes, con dolores psíquicos intolerables. A todas estas personas les vamos a ofrecer eutanasia? Es el caso de Holanda, donde después de la legalización cada vez más es más amplio el tipo de pacientes que se someten a la eutanasia, pues cualquier legislación será llevada a sus límites, modificada y extendida, además de la posible mala interpretación de la misma y del uso intercambiable y ligero de términos como "terminal" y "sufrimiento".

No se puede olvidar el caso de los dos gemelos que solicitaron la eutanasia en Bélgica por ser sordos y el desarrollo de una posible ceguera como cuadro de una enfermedad genética, o del transexual que luego de varias operaciones, incluida la de cambiar de género, solicitó la eutanasia pues no se sentía a gusto con su nueva apariencia. En un futuro cualquier persona con algún tipo de "sufrimiento intolerable" podría solicitar la eutanasia, pues es lo que "se esperaría de él" en caso de esta ser legalizada como lo vemos en los ejemplos anteriores.

Cuál es la diferencia entre un paciente suicida y un paciente terminal que solicita la eutanasia? Un paciente suicida por diferentes razones válidas como un fracaso matrimonial, laboral, desesperanza, sin ninguna enfermedad psiquiátrica y seguramente "capaz" para tomar esta decisión nos interpela a la acción. Se empatiza con su dolor, se le ofrece ayuda para evitar que lo haga, se han desarrollado herramientas y estrategias mundiales para prevenir el suicidio, un tema que se considera de salud pública, y más allá de la penalidad del acto, se busca socorrer a esta persona. ¿Por qué entonces se considera que lo opuesto se debe hacer por un paciente terminal?.

Finalmente. La eutanasia es mala medicina. La legalización de la eutanasia impide un adecuado desarrollo de servicios de cuidados paliativos y de los hospicios. Legalizar la eutanasia expresa una ausencia de analgesia en casos de ser necesario en pacientes terminales. Genera un concepto que es vital para el hombre, creyente o no creyente, que es poder enfrentarse al fin de su vida, con dignidad, acompañado y con la certeza que se ha podido pedir perdón, dar gracias y decir adiós.

Danelia Cardona Lozada
Médico Psiquiatra
Directora - Departamento Promoción y Defensa de la Vida
Conferencia Episcopal de Colombia

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