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Fe y azar: Explorando la compleja relación entre catolicismo y juego en Colombia



Durante siglos, los juegos de azar han formado parte de la cultura y el folclore colombianos, y a menudo se han cruzado con las profundas raíces católicas de la nación. Desde el "Juego de Sapo", tradicionalmente jugado en las fiestas religiosas, hasta la popular lotería "Chancecito", los elementos del juego se han entrelazado durante mucho tiempo con las celebraciones y costumbres católicas en Colombia.

Sin embargo, la postura oficial de la Iglesia Católica sobre los juegos de azar es más matizada y cautelosa. Aunque los juegos de azar no se consideran intrínsecamente malos, el Catecismo advierte de los peligros de que el juego se convierta en una pasión adictiva que consuma el tiempo y los recursos dados por Dios. La Conferencia Episcopal Colombiana se ha hecho eco de esta perspectiva equilibrada, tolerando los juegos de azar moderados y responsables, al tiempo que condena el juego explotador e incontrolado.

En la era moderna, cuando las apuestas deportivas se han popularizado en Colombia, muchos católicos se preguntan cómo se alinea su fe con este pasatiempo. Puede explorar casinos en línea con dinero real, pero elija sólo sitios de confianza que ofrezcan reseñas en profundidad y comparaciones con valor real.

Las plataformas deberían esforzarse por prestar un servicio a los fieles alejando a los apostantes de entidades sin escrúpulos y dirigiéndolos hacia empresas legítimas y reguladas.

La relación entre el catolicismo y los juegos de azar en Colombia es compleja y a menudo malinterpretada. Pero promoviendo la moderación, la responsabilidad y el respeto por los derechos de los apostantes, se puede lograr un cambio positivo.

sábado, 6 de febrero de 2016

ONU se une a la campaña abortista para aprovechar el virus del Zika


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El pasado viernes, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos publicó un comunicado en el que se une a la campaña de la industria internacional del aborto para presionar la legalización de la práctica criminal en los países de América Latina. La recomendación se basa en la supuesta relación que habría entre el virus y el riesgo que que los niños puedan nacer con microcefalia.

Uno de esos países en que todavía protegen la vida de los niños por nacer, El Salvador, acaba de confirmar que de 13 nacimientos que ha habido de mujeres enfermas con Zika, ninguno de los menores ha nacido con microcefalia. En Colombia, se ha pretendido hacer caber el Zika dentro de las tres causales de despenalización del aborto, aunque la microcefalia no hace inviable la vida del menor. Organizaciones abortistas como la “Mesa para la Vida y la Salud de las Mujeres” han ido más allá y han dicho que aunque no haya malformación en el menor, la mujer puede pedir el aborto, sólo alegando afectación de su salud mental.

Hace unos días, el Ministerio de salud confirmó la muerte de tres personas en el país a causa del Zika y precedido por el Síndrome de Guillain-Barré. No se menciona si se trata de hombres o mujeres, ni de si entre ellas había alguna mujer en embarazo, sencillamente porque es un dato irrelevante: el embarazo no agrava la condición de la mujer enferma de Zika, así como el aborto tampoco le produce mejoría. Detrás de la promoción indiscriminada del aborto con la excusa del Zika, no hay el menor interés por la salud de los contagiados, si no el mero aprovechamiento de una oportunidad de mercado.

Para la muestra, basta ver el comunicado de prensa de Profamilia, reproducido por medios irresponsables como Cúcuta 7 Días, en que simplemente llaman a todas las mujeres embarazadas que tengan Zika a la práctica del aborto, sin mencionar siquiera que según los datos en Brasil donde de 4.000 casos de microcefalia, sólo 6 han podido ser vinculados estrechamente con el virus.

Arzobispo de Cali plantea rehabilitar al sacerdote guerrillero Camilo Torres


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Mons. Darío de Jesús Monsalve, Arzobispo de Cali, ha concedido una entrevista a El Tiempo en la que declara su intención de rehabilitar la memoria del sacerdote que se volvió guerrillero, Camilo Tores, y darle cristiana sepultura en la capilla de la Universidad Nacional.

En la entrevista, Mons. Monsalve minimiza la ideología comunista que llevó a Torres a dejar el sacerdocio y dedicarse a la guerra:

La lucha de Camilo se arraiga en el humus cristiano: más que en lo ideológico, en la experiencia popular; más que en la lucha de clases, en la unidad como principio ético de toda acción transformadora colectiva y en el aprendizaje y la pedagogía desde el mundo de los pobres. Camilo se vuelve ahora una figura ‘puente’ y un jalón hacia el reencuentro más posible entre orillas opuestas; una conexión entre el evangelio social de la Iglesia de ayer y la que emerge hoy, impulsada por la figura y el mensaje “revolucionario” del papa Francisco.

Más aún, el arzobispo pareciera legitimar la línea ideologica seguida por el ELN y proponerla como base para la tranformación política del país:

El único homenaje aceptable del Eln a Camilo es honrar su arraigo popular y no empoderarse ni ideologizar su memoria. El Eln ha sido y es ‘camilista’, y ha sido el único, quizás, que en estos 50 años custodió el legado de Camilo, lo profundizó y desarrolló, mientras su nombre y memoria, sus investigaciones y libros, y hasta sus restos mortales fueron proscritos, y lo son aún, por algunos sectores de la Iglesia y de la sociedad colombiana.

Hay que dejarse llevar de la mano de Camilo Torres para sentarse a la mesa de acuerdos pero, sobre todo, como lo están planteando, sentar al pueblo colombiano y a su Gobierno a una mesa social de transformaciones en economía, ecología, democracia social y política, planes de desarrollo local y regional, desarme y convivencia ciudadana, entre otras.

Este sería el gran homenaje del Eln a quien legitimó sus ideales y la opción, en ese breve lapso de su vida, por la lucha armada. Al Eln Camilo le entregó su legado y se lo confió, con su muerte en las selvas. El Eln deberá devolverlo al modo de hoy, no de hace 50 años.

Por último reconoce su proyecto de abogar por una restitución de la dignidad sacerdotal del guerrillero comunista, y planea recuperar sus restos para darle cristiana seputlura en la capilla de la Universidad Nacional donde podría convertirse en ícono ideológico de los movimientos guerrilleros:

Mediando las reflexiones y críticas necesarias, ¿sería partidario de restituir la dignidad de sacerdote a Camilo Torres?

Sí. Yo creo que la Arquidiócesis de Bogotá lo podrá considerar. La Iglesia y el mundo, cuando revisan el pasado para construir su futuro, tienen que revisar personas, su mensaje, su obra, su impacto. Y rehabilitarlos, si fuere del caso, reintegrarlos, reivindicarlos. Y aquí Camilo Torres es un gigante: no encaja entre los perpetradores de hechos violentos, de delitos de lesa humanidad, de terrorismo.

No encaja como victimario, pero los últimos meses, de 2 a 4, si mucho, los pasó en el monte con el Eln, y murió en una acción cuyo simbolismo aún está por ser establecido con mayor profundidad, pues pareciera más una obra de misericordia con un compañero que una acción de guerra con un adversario.

¿Espera que para el inicio de la negociación con el Eln la devolución de sus restos sea el primer hecho de paz con ese grupo?

Debo ser prudente, pero en cuanto a los restos, espero que sea así. Ni siquiera un ‘NN’ del conflicto, de la guerra, carga con tal suerte, pues ahora el Gobierno ha pedido ubicarlos, identificarlos y devolverlos a sus familias.

Le he dicho al doctor Ramón Fayad, de la Universidad Nacional, que espero celebrar la memoria de Camilo Torres el 15 de febrero con sus cenizas para que podamos sepultarlas en la capilla Cristo Maestro de esa institución, tan querida para él. Ello depende del avance de las gestiones habladas y ya anunciadas por el presidente Santos.

El obispo ya había participado de un evento en la memoria del guerrillero, llamado “Camilo Torres, sígno de Reconciliación” con la presencia de los sacerdotes y así mismo promotores de la Teología de la Liberación, François Houtart OP y Javier Giraldo SJ.

Camilo Torres Restrepo fue un sacerdote de la Arquidiócesis de Bogotá, que luego de estudiar en la Universidad Católica de Lovaina impulsó en el país la Teología de la Liberación promovida desde sectores progresistas de la Iglesia en Europa. Defendía la compatibilidad entre el Marxismo y la Fe Católica,   En 1965 abandonó el sacerdocio y se enroló en el Ejército de Liberación Nacional en donde fue abatido en el primer combate. De él se recuerdan conocidas expresiones como “No sé si el alma es mortal, lo que sí sé es que el hambre mata", o “Si Jesús viviera, sería guerrillero.”

La Teología de la Liberación fue un movimiento heterodoxo que surgió en Europa durante la Guerra Fría, impulsado por el Consejo Mundial de la Paz, organización fachada para las actividades de la KGB soviética. Se caracteriza por la aplicación del Marxismo como sistema de pensmiento, reduciendo la redención cristiana a la “liberación” temporal del hombre de las “estructuras injustas” como serían el capitalismo y la desigualdad social. La teología de la Liberación fue condenada en tiempos de Juan Pablo II y reiterada por Benedicto XVI, como opuesta a la Fe Católica.