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miércoles, 18 de junio de 2014

Editorial: ¿Existe el Voto Católico o provida en Colombia?

El pasado domingo 15 de junio, se llevó a cabo la segunda vuelta de elecciones presidenciales con el resultado de una cerrada victoria del candidato presidente Juan Manuel Santos, quien gobernará al país por otros cuatro años. Este resultado representa graves implicaciones para el futuro del movimiento provida como una fuerza política efectiva en Colombia, pero sobre todo, arroja graves cuestionamientos sobre los criterios que los católicos y los provida estamos utilizando para ir a votar.

Tanto el resultado de las parlamentarias como el de las presidenciales muestra que no hay costo político alguno de apoyar el aborto. Congresistas como Roy Barreras y Armando Benedetti, se mantuvieron a pesar de su militancia a favor del aborto y en contra de la familia. De igual forma, Juan Manuel Santos se convierte en el primer presidente de Colombia que considera “aceptable” el “matrimonio” entre personas del mismo sexo. Podría decirse que la defensa de la vida y la familia no son temas que definan la votación de los colombianos.

Sin embargo, los análisis serios hechos sobre las variaciones en las votaciones entre las dos vueltas presidenciales, véase el hecho por La Silla Vacía, evidencian que los votos que hicieron ganar a Santos fueron quitados a la abstención gracias a la maquinaria de los caciques políticos en la costa atlántica, y el apoyo de la izquierda en Bogotá. En este sentido, aunque no sabemos qué porcentaje de los católicos que hubiera votado en conciencia terminó votando a favor de Juan Manuel Santos, si parece que no fue un sector que determinase su victoria.

Por el contrario, el hecho de que el candidato Óscar Iván Zuluaga haya obtenido 7 millones de votos, en una campaña en la cual se posicionó plenamente a favor de la prohibición total del aborto, y en contra de las uniones homosexuales, ofrecen una buena perspectiva para iniciativas como el Referendo por el Derecho a la Vida. No es fácil consolidar la votación que se requiere, pero estos números nos indican que no es imposible.

La cuestión que la Iglesia debe plantearse es si realmente desea mantener su capacidad de influencia como actor social. Si en Colombia hay 38 millones de católicos, ¿por qué se eligen a políticos cuyas agendas van abiertamente contra principios fundamentales de la dignidad humana? La opción de una parte de la Iglesia de preferir las promesas de paz, reducidas específicamente al proceso actual de negociación, frente a los temas que la Doctrina de la Iglesia ha denominado “no negociables” arroja serias dudas sobre la importancia que realmente se le está dando a estos principios. Indudablemente que se está negociando con la defensa de la vida y la familia, con la Libertad Religiosa, cuando se les subordina a la continuación de un proceso de paz que sigue sin ofrecer ninguna garantía de éxito.

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