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martes, 12 de agosto de 2014

El Estado Laico como excusa para el sectarismo anticatólico

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Una serie de eventos en el país perfilan el preocupante aumento del sectarismo anticatólico, enmascarado bajo la excusa del “Estado Laico”. Por un lado, todas las ideologías y expresiones anticatólicas son favorecidas desde espacios públicos, mientras que toda expresión o hecho social que, así sea tangencialmente, tenga que ver con la fe católica, es perseguida y proscrita bajo la excusa del Estado Laico.

En Colombia no existe “Estado Laico”, el término no aparece en la Constitución política. Si no que se trata de una mera interpretación del Artículo 19 que consagra la Libertad de cultos, y de la ausencia de mención de una religión como oficial del Estado. Los laicistas ignoran, voluntaria o involuntariamente, que justamente ese marco, el artículo 19 constitucional, desarrollado por la Ley Estatutaria 133 de 1994, consagra justamente el derecho de las confesiones religiosas de ser respetadas en sus creencias y prácticas, y de participar en la vida pública, social y política. Lo que está de fondo, es que para el progresismo el “Estado Laico” no es simplemente un marco jurídico determinado, sino toda una agenda política para imponer la apostasía social, a través de la coerción ejercida por el Estado.

No se trata simplemente de neutralidad del Estado, sino de la suplantación del orden cristiano de la sociedad colombiana, por una religión de Estado en la que el positivismo liberal, el utilitarismo capitalista, el igualitarismo forzado, el secularismo ateo, la eugenesia abortista, y la ideología de género, adquieren el carácter de dogmas, cuyo cuestionamiento acarrea escarnio público. Véase el escándalo que produjo en los medios de comunicación el hecho de que la Alcaldía Mayor de Bogotá hubiera contratado a un cristiano como asesor en el tema de Libertad Religiosa, y en el documento que estaba listo para salir se percibía impregnado de mentalidad cristiana. Para ellos, se trató de una violación de la neutralidad propia del “Estado Laico”. Pero al mismo tiempo, la misma administración tiene 8 asesores LGBT cuya labor explícita es fomentar el “enfoque de género” en todas las actuaciones públicas, y esto, para los medios, no representa ningún problema.

Más absurdo aún es el caso de la Ley 1710 del 2014, que rinde honores a la madre Laura Montoya como Ilustre santa colombiana, al ser canonizada el año pasado por el Papa Francisco, y que fue demandada de inconstitucionalidad, porque a juicio del demandante, “desconoce el principio de neutralidad religiosa”. Toda la labor que la santa desarrolló con los pueblos indígenas en el oriente antioqueño queda invalidada por el hecho de haber sido canonizada, pues eso la inhabilita para recibir honores públicos por parte del Congreso, los cuales ya han sido concedidos a personajes de mucha menor valía.

En el municipio de Floridablanca, Santander, se construye una estatua colosal de Jesucristo, como parte de un proyecto turístico en la región. Ante la demanda por supuestamente violar la separación entre Iglesia y Estado, los abogados de la Gobernación han tenido que acudir a excusas ridículas como que el nombre del proyecto “cerro del Santísimo” no tiene nada que ver con Jesucristo, sino con el nombre del departamento, Santander. Mientras tanto, el Ministerio de cultura promueve una exposición de “arte” en la que se representa una vagina al interior de una custodia, so pretexto de “invitar a pensar el cuerpo como un objeto que debe ser respetado como algo sagrado”. Esta exposición no es un hecho aislado, sino que se inscribe en un largo historial de agresiones contra la fe católica, con que algunos “artistas” han querido subsanar su falta de creatividad y nulo sentido estético.

La directora del museo Santa Clara, argumenta que “no se está dañando a ninguna persona ni religión en particular, porque no se está tomando ningún elemento de ningún culto. La artista creó con sus manos cada una de las piezas, luego nunca han sido ni serán piezas religiosas”. Ignora, que el carácter sagrado de los elementos religiosos concierne es a su realidad simbólica y no a su naturaleza material, y a este respecto, la autora de la exposición reconoce que lo que ha procurado reproducir es una custodia, que es el objeto con el que se realiza la ostensión del Santísimo Sacramento en la Iglesia Católica. Es exactamente el mismo caso que cuando las organizaciones abortistas y homosexuales se reunieron en la Plaza de Bolívar para quemar una cruz, que fabricaron ahí mismo, uniendo dos maderos.

Tal parece que el tan mentado “Estado Laico” no sólo significa que los católicos no podemos llevar nuestra fe a la vida pública y participar socialmente con mentalidad cristiana, sino que además tenemos que observar en silencio cómo todos nuestra fe es vituperada, humillada y escarmentada con apoyo del mismo Estado. El objetivo es evidente: usar todos los medios y formas de violencia para forzar a la gente a dejar de creer.

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