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viernes, 10 de octubre de 2014

Por verdadero amor humano., por Mons. Libardo Ramírez

Reproducimos el valioso artículo de Mons. Libardo Ramírez, presidente del Tribunal Eclesiástico Nacional, publicado originalmente en el sitio web de la CEC.

Escrito por: Libardo Ramírez Gómez - Hay que defender valiente y razonadamente la sagrada institución de la familia del tenaz ataque de quienes quisieran sustituirla, por uniones contrarias al orden natural. Es preciso ir al fondo del tema y reclamar auténtica institución familiar fundada en amor humano verdadero.

Hay que hacer frente, a la tan exaltada "ideología del género", que de aceptarla llevaría a minimizar el amor, y la propia familia con la vinculación de la fundamental complementariedad de la sexualidad masculina y femenina. Amplia exposición sobre el tema hizo la Conferencia Episcopal de España, en abril del 2012, ante las nuevas circunstancias en las que se desarrolla hoy la vida familiar, en el mundo, y en ese país de honda raigambre cristiana, pero en el cual, en especial en Cataluña, se lucha en lamentable empeño de esa sustitución comentada, y se despliegan banderas hacia "nueva cultura" que ha de surgir con aquella ideología pomposamente defendida.

ENTRE "FAMILIA TRADICIONAL" ANCLADA EN PRINCIPIOS MILENARIOS Y LAS BASADAS EN "NUEVAS CULTURAS".

Con optimismo advierte el mencionado documento que en el ambiente español, y algo similar acontece en tantos países del mundo, subsiste valoración del gran bien de la familia organizada según el orden natural, pero, se ciernen, también, sombras dadas por la proclamada "absolutización subjetiva de la libertad" que quisiera liberar a los humanos de principios que se han considerado básicos, y sustentan "nuevas" realidades familiares en "emociones parcializadas", como norma de bien. Señalan, estas ideologías la "familia tradicional" como fruto de "culturas anticuadas" e impuestas, que deben dar paso a "nuevas culturas" reclamadas por la humanidad de hoy. Pero esos ideales, meramente culturales, estarían llevando, a organizaciones familiares efímeras, que hoy son y mañana no.

Como fundamental para los humanos en su vida terrena, señala Libro Santo, la Biblia, cómo Dios, una vez creada la normal pareja de varón y mujer, agrega: "por eso deja el hombre a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y se hacen una sola carne" (Gen. 2,24). Está allí el origen bien fundamentado de la familia, proclamado similarmente por otras grandes religiones. Es con varones y hembras, bien definidos, y sin complejos de su sexo, como se tienen verdaderas familias y una fuerte y estable sociedad.

POR FAMILIA "COMUNIDAD CONYUGAL DE VIDA Y AMOR", CON DEBIDA COMPLEMENTARIEDAD DE LA MASCULINIDAD Y FEMINIDAD.

Como algo insustituible para la humanidad presenta el Vaticano II la familia, "comunidad conyugal de vida y amor establecida sobre la alianza de los cónyuges, vínculo sagrado en atención al bien tanto de los esposos y de la prole y de la sociedad" (G.S. n.48). Todo este formidable entramado, fundamentado en un amor que no es pasional, ni egoísta, sino con generosidad y donación (Ef. 5,25), que es lo que nos quisieran destruir con modelos superficiales de amor, con relativización de la diversidad de sexo, minimizando la fundamental complementariedad establecida por la naturaleza, la de la masculinidad y la feminidad. Los contrarios a la familia constituida bajo la base natural de varón y mujer quieren abrirle paso a un amor superficial y avanzan en empeño de exaltar la "despersonalización absoluta de la sexualidad", la que ha tenido aprecio y aceptación a través de milenios, fruto de la madurez de cada quien, que lleva a asumir la sexualidad con que vino al mundo.

OPORTUNA VOZ DE ALERTA ANTE SATÁNICAS ACTITUDES.

Desde el plan vandálico, anclado en la "ideología del género", que mina la estabilidad humana, llegan a proclamar que cada cual puede elegir configurarse sexualmente como desee. Ante ello, en bien fundamentada Carta sobre "La Colaboración del Hombre y de la Mujer en la Iglesia y el Mundo", ponía en guardia el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, con aprobación del Papa Juan Pablo II (31-05-04).

"¡No serviré!", dijeron Satán y sus secuaces ante norma que diera Dios a los espíritus angélicos, y anhelo de "ser como Dios", despertó el demonio en los humanos con incitación a desobedecer los preceptos divinos (Gen. 3,5). Repetir esos gritos y actitudes, es cuanto se ha venido tejiendo en las mentes humanas en insaciable afán de libertad absoluta, a lo cual lleva la pomposamente exaltada "ideología del género", que venimos comentando. Con base en ella se llegan a pensar planes que reflejan, ciertamente, desbordamiento ideológico y demencia antes que sabiduría. Es lo que menos se puede decir ante la desproporción insana y antinatural de decir a una persona que tiene derecho a seguir o no en el sexo en que nació, u optar por el otro lo cual se presenta como signo de plena libertad de los humanos.

INSISTENCIA DEPLORABLE EN DESPERSONALIZACIÓN ABSOLUTA DE LA SEXUALIDAD. DOS ANTROPOLOGÍAS CONTRAPUESTAS.

No ha sido un devaneo pasajero sino propósito perseverante de esa corriente mundial, bajo el pregón de "ideología", para llegar, a una cultura en la que prime "la despersonalización absoluta de la sexualidad". Se pregona, que el sexo no caracteriza fundamentalmente a la persona, y que, entonces, sin afectar su personalidad, se tiene, dentro de ilímites derechos individuales, el de reclamar elegir configurarse como se desee sexualmente, prescindiendo de cual fue su sexo al nacer.

Esa manera de ubicar las cosas, por rebelión a estar bajo unas leyes naturales, para evitar, según ellos, colocar al varón por encima de la mujer, dice la Carta magisterial, lleva a "introducción en la antropología de una confusión deletérea, que tiene su implicación más inmediata y nefasta en la estructura de la familia" (n.2). A partir de esta afirmación inicia ese documento, fundamentales conclusiones, con una rápida presentación de "datos fundamentales de la antropología bíblica", que, llevan a grandioso aprecio de la dignidad humana y de cada uno de los sexos, llamados a natural complementariedad y no a la trágica oposición en la que la contrapuesta antropología presume que están colocados.

APODÍCTICA ENSEÑANZA BÍBLICA EXALTA LA VIVIENCIA DE AMOR VERDADERO, EN COMPLEMENTACIÓN DE SEXOS.

En la Carta magistral del Cardenal Ratzinger escrita a dos manos con Juan Pablo II (31-05-04) se enseña apodícticamente cual ha de ser la colaboración de hombre y mujer, unidos en verdadero amor que es fecundo, basándose en sapientes enseñanzas bíblicas (n.5). Van estas desde el Génesis, (1,27), con énfasis en Gálatas (3,27-28) en su verdadero sentido que es la superación "en Cristo de la rivalidad, la enemistad y la violencia que desfiguraban la relación entre hombre y mujer, en quien son: superables y superadas" (n. 12).

En ese orden de ideas tenemos pie para la exaltación de valores recordados por los Obispos españoles en documento ya citado (n.50), como son el amor verdadero colocado por Dios en el corazón de hombre y mujer, dotados de masculinidad y feminidad, para contribuir a él, por igual, llamados a comunidad de vida y amor". Se dejan de lado egoísmos y lucha de prepotencia como propaga la "ideología del género", colocándolos, bajo la bendición de Dios en su obra "una sola carne".

PROPÓSITOS SOTERRADOS. LEGITIMACIÓN DE UNIONES HOMOSEXUALES.

Es de destacar, (lo advierte el documento de España n.52) que esas teorías del género llevan a una "antropología dualista" del sexo que lleva a oscurecer también la imagen del matrimonio y de la familia. Se abre paso así al "amor libre", conducente a una "sexualidad sin amor", conduciendo al ser humano a condición de "sexualmente neutro", complementación de una "cultura transexualista". Allí, abriendo paso a la "legitimación de uniones homosexuales", que es, en gran síntesis, el gran propósito de ideologías a las que dan apariencia de científicas, y logran, con estudio superficial, buen número de simpatizantes que no han analizado a fondo cuanto muy sintéticamente hemos expuesto.

GRAN CONCLUSIÓN

De todo lo expuesto, como síntesis de la bien documentada Carta escrita por los Papas Wojtyla y Ratzinger y del amplio y ponderado documento del Episcopado español, tenemos magistral exposición, con base bíblica, en donde se muestra que la diferenciación de hombre y mujer, comenzando por lo sexual, es algo no meramente accidental. Esa diferenciación, que surge desde el orden natural dado a los humanos, existe no para pugnas sino para complementarse en estrecha colaboración.

Este mensaje, escuchado y vivido, conforta y serena el ánimo convulsionado por la insospechada rebeldía, advertida en la parte central de este comentario.

+ Libardo Ramírez Gómez
Presidente del Tribunal Eclesiástico Nacional
Email: monlibardoramirez@hotmail.com

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