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jueves, 10 de septiembre de 2015

“El Estado moderno no es sólo contrario al bien común sobrenatural, sino también al natural”: Miguel Ayuso

(Observatorio Van Thuân) En este mes de septiembre sale el libro “De matrimonio” (Marcial Pons, Madrid), obra de diversos autores cuyo fin es ofrecer una contribución al debate sobre los temas desarrollados por el Sinodo sobre la familia, la segunda sesión del cual está convocada para el próximo octubre. El editor del libro es Miguel Ayuso, anteriormente docente de Ciencias Políticas y Derecho Constitucional en la Universidad de Comillas de Madrid y actual presidente de la Unión Internacional de Juristas Católicos. El texto, que apoya la institución matrimonial desde el punto de vista de la jurisprudencia, es notable; en él aparecen las firmas -además de la del propio Ayudo- de otros ocho juristas de fama mundial, académicos y altos magistrados de tres continentes. La única contribución en lengua italiana es de Danilo Castellano, profesor y anteriormente Director de la Facultad de Derecho de la Universidad de Udine. Le hemos preguntado a Ayuso, durante su reciente estancia en Italia para participar en una conferencia sobre los problemas de la libertad religiosa organizada por el periódico católico “Instaurare omnia in Christo”, que nos defina el origen de algunos de los equívocos modernos en lo que respecta a conceptos como libertad, derecho y laicidad, que están en el principio de la alteración del derecho en detrimento de la institución familiar.

¿Cuál es el origen del libro? ¿Cómo se incluye en vistas del próximo Sínodo sobre la familia?

El libro no tiene una intención polémica respecto al Sínodo. Una cosa es pretender ejercer presiones, la otra realizar un trabajo orgánico y sistemático -que es lo que se ha hecho- sobre cuestiones importantísimas que atañen al tema en discusión en el Sínodo. El libro trata sobre la naturaleza del matrimonio desde el punto de vista del derecho natural. Es decir, entender la naturaleza del matrimonio en sus características esenciales, para poder así contribuir a la discusión.

Según su pensamiento, estamos en una fase "débil" de la modernidad. ¿Qué se entiende, en cambio, por fase "fuerte" de la modernidad? ¿Y por qué se ha debilitado la modernidad?

El estado moderno nació con la intención de sustituir la comunidad política natural. Se trata de un artificio, porque en una primera fase le gustaría que se le considerase neutral desde el punto de vista moral. En la fase siguiente el estado moderno se considera a sí mismo, en cambio, como creador de la moral: es lo que indicamos como el "estado ético", según Hegel o Rousseau. Por lo tanto, dicho artificio, este artefacto que se presenta al principio como neutral pero que rápidamente crea la moral, corresponde a lo que se podría llamar la "modernidad fuerte" o el "estado moderno en sentido fuerte", en el cual se ha insertado la conocida laïcité, laicidad a la francesa. Actualmente lo que sucede es que la pretensión del estado de crear una moral se ha transformado. Estamos en ese periodo temporal llamado posmodernidad que ha destruido el racionalismo que fundaba el estado "moral".

Sin embargo, en esta fase que podríamos llamar de la "modernidad débil" parece que haya una libertad para las religiones o credos, frente a la cual el estado deja un cierto espacio. En realidad, esto no es verdad: sencillamente, se concretiza el "pluralismo" americanista. En realidad, lo que ha sucedido es que se ha sustituido un cierto tipo de laicismo con otro que, paradójicamente, se considera mejor y, por esto, es indicado como laicidad positiva. En mi opinión, este segundo tipo de laicismo podría ser más  nocivo para la doctrina de la Iglesia porque en el fondo implica que todas las religiones tienen valor y, a la vez, que ninguna de ellas lo tiene. Por lo tanto, al final es el estado el que, nuevamente y a través de una vía distinta, vuelve a ser el único creador de la moral. Una moral laica que en lugar de ser afirmada, como en el pasado, de manera clara y a través de la fuerza del estado, ahora surge de nuevo a través de una libertad religiosa según la cual todas las religiones se anulan.

Esta moral es peor porque es claramente inmoral, puesto que el estado no es capaz de cumplir con su deber y prefiere, en cambio, imponer un conjunto de reglas sobre los aspectos mínimos de la vida y la convivencia (cinturón de seguridad, alimentación light,...) mientras practica tranquilamente el aborto y la eutanasia. Por último, la hodierna desaparición del estado sirve para eliminar los restos de la comunidad política natural. El resultado, por consiguiente, es mucho peor.

¿En qué época histórica se sitúa el final de la fase "fuerte" de la modernidad y el inicio de la "débil"?

Diría que la fase "fuerte" de la modernidad empieza con la Revolución Francesa y acaba en el 68. Por tanto, la ruptura la situaría en la segunda posguerra, cuando creo que se impuso la fase "débil" de la modernidad, conocida también como posmodernidad. La relación entre modernidad y posmodernidad no es unívoco: por un lado la posmodernidad viene después de la modernidad; por el otro, aquella es una supermodernidad, una exasperación de la modernidad. Bajo otro aspecto es una especie de modernidad decadente, o hay también un componente de reacción contra la modernidad.

Francisco Elías de Tejada contraponía libertad abstracta a las libertades concretas. ¿Qué diferencia hay entre la liberté revolucionaria francesa y las libertates tradicionales fundadas sobre la desigualdad?

En el fondo, la libertad abstracta se afirmó contra las libertates concretas que existían en los pueblos cristianos. Las libertates medievales estaban protegidas por los estatutos jurídicos, que reconocían determinadas libertades a las ciudades estado, a las profesiones y a las universidades. Una vez consolidada la libertad abstracta vinculada a la revolución, se concretiza de manera perversa en los denominados derechos humanos, concebidos dentro del pensamiento moderno como consecuencia de la abstracción. Las libertates significaban simplemente la existencia de libertad, que se diferenciaba según los pueblos, los estatus sociales y las situaciones, dependientes de la naturaleza humana. La libertad revolucionaria se afirmó derrumbando las libertades concretas y tradicionales.

Los derechos humanos modernos y posmodernos no arraigan en la naturaleza humana precisamente porque tienen una matriz racionalista y revolucionaria, sino que se convierten en meras pretensiones de la voluntad.

En lo que respecta al derecho, ¿qué se entiende hoy por "geometría legal"? ¿Sufren las Constituciones y los tratados modernos de esta "geometría legal"?

"Geometría legal" es un modo elegante de decir "positivismo" jurídico. El constitucionalismo es tal vez el ejemplo más claro de geometría legal, que tal vez tiene su origen en el pensamiento del napoletano  Giambattista Vico (1668-1744), el cual deja intuir este término. Y después, también en Italia, el llorado Francesco Gentile (1936-2009), filósofo del derecho, difundió la utilización de esta expresión. Se trata de un derecho virtual, opuesto al que está arraigado en la naturaleza de las cosas y que acaba coherentemente con el nihilismo.

¿Qué nexo hay entre la Realeza social de Cristo y el bien común? Es decir, ¿en el bien  común está incluida la salvación del alma?

El bien común, según una definición de Danilo Castellano, es el «bien de cada hombre como hombre y común a todos los hombres». La especulación escolástica y Santo Tomás en particular distinguían un bien común «inmanente» y un bien común «transcendente». O mejor, hay un bien común temporal, superior al bien particular, pero sometido al bien común transcendente que atañe al fin último del hombre, Dios. Al final hay una articulación entre el bien común temporal y el espiritual. Esto, en el fondo, no es otra cosa que la aplicación de la gran tesis tomista según la cual «gratia non tollit naturam, sed perficit eam», «la gracia no destruye la naturaleza, mas la lleva a la perfección» y, por consiguiente, la relación naturaleza-gracia no se puede evitar. Sin embargo, es cierto que existe la posibilidad de reflexionar desde el punto de vista racional o temporal, que no excluye el espiritual o sobrenatural.

Además, no es verdad que los estados modernos estén cerrados a lo transcendente, permaneciendo en lo inmanente. De hecho, no pueden asegurar ni siquiera el bien común inmanente. Se puede decir que el estado moderno es incompatible con el bien común, porque ha sustituido, en lo que concierne a la fase "fuerte" de la modernidad, el bien común con el bien "público". En cambio, en la época "débil" el bien común ha sido sustituido por el bien "privado": el estado no impone simplemente un bien suyo a los otros bienes privados, sino que pretende regular los bienes privados, es decir, ser un servidor al servicio de los bienes privados. Por lo tanto, el estado moderno no es sólo contrario al bien común sobrenatural, sino también al natural e inmanente.

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