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lunes, 16 de mayo de 2016

La trans-demencia de El Espectador

transdemencia

El diario liberal El Especator continúa en su campaña en favor de la perversión LGBT y ahora lo hace en su editorial acudiendo a la ya desgastada falacia detras de la cual acuñaron el término “homofobia”. Según los editores del diario, quienes se oponen a la agenda homosexual lo hacen movidos por un “miedo irracional a lo diferente”.

El editorial se refiere a la polémica en Estados Unidos luego de que la Administración Obama en otro arrebato de totalitarismo expiriera una orden en la que ordena a todas las escuelas del país permitir que las personas que se consideran “transgénero” puedan usar el baño correspondiente al sexo de su preferencia, en lugar del que les correspondería biológicamente. Las escuelas que no sigan la política, perderían todo el financiamiento estatal. La instrucción se imparte luego de que el Estado de Carolina del Norte aprobara una ley en la que ordena que sin excepción, las personas deberán usar el baño correspondiente a su sexo biológico.

Para el díario las protestas de las mujeres que no quieren hombres entrando en su baño es puro “miedo irracional a lo diferente”. Si así es la cosa ¿por qué no abolir de una vez esa costumbre discriminatoria de tener baños separados para hombres y mujeres? A los editorialistas nada les dice que apenas unas semanas después de que la cadena de supermercados Target anunciara que pemitiría a los “transgénero” el uso de baños y vestieres de su preferencia, para que un hombre consiguiera grabar a una niña en uno de los probadores, y no es la primera vez. Depués de que en el estado canadiense de Ontario aprobaran una ley de “identidad de género” en 2012, varias mujeres fueron víctimas de abuso sexual a manos de un hombre que aseguró ser “transgénero” para acceder a los baños de mujeres. Igualmente, la Universidad de Toronto tuvo que revertir una política similar luego de varios incidentes en que jóvenes fueron grabadas en la ducha por sus compañeros, usando sus teléfonos celulares.

Tal vez la mejor refutación de la falacia que El Espectador emplea para defender esta agenda de trans-demencia, se encuentra en una noticia de la emisora asociada al mismo periódico, Blu Radio, en la que cuenta la historia de Richard Hernández, un hombre que luego de pasar por “transgénero” se realizó una serie de modificaciones corporales, entre ellos quitarse las orejas y la nariz para parecer un dragón. En la entrevista, el hombre reconoce abiertamente que sus modificaciones responden a traumas infantiles por el abandono de sus padres. Detrás de esta desquiciada carrera no hay otro objetivo más que la aniquilación de la humanidad misma.

De hecho, la cuestión de los baños, aunque es uno de los problemas más concretos que surgen con la imposición de la agenda “transgénero”, es una consecuencia de las más superficiales. En realidad, el verdadero problema de fondo, tal como lo denunciamos cuando la “identidad de género” se impuso como norma de obligatorio cumplimiento en el Estado de Nueva York, es la extralimitación del poder del Estado hasta un grado de totalitarismo jamás imaginado: La abolición de la realidad misma como espacio común de la sociedad, y su sustitución por unos parámetros arbitrarios y relativos a la coerción del Estado. El Estado ya se da el lujo de redefinir la realidad de las cosas, y obligar por la fuerza a los ciudadanos a creer que dos mujeres son “matrimonio”, dos mujeres pueden tener hijos, un hombre mutilado es una mujer, una mujer disfrazada es en realidad un gato, etc.

Si en la ficción de Hans Christian Andersen, cuando el niño afirma la desnudez del emperador deja en ridículo a toda la corte real, que por no apartarse de la opinión predominante cedieron al absurdo de negar lo que sus ojos veían, y el emperador tuvo que reconocer avergonzado su credulidad; en el mundo moderno tal niño no correría con tanta suerte y rápidamente habría sido acusado de “transfóbico”. El “Emperador” de hoy, hace rato que abandonó toda capacidad de razonar.

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