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lunes, 3 de octubre de 2016

Editorial: Jesucristo, Rey de la única y verdadera Paz

El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.

Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.​

(Salmo 32, 10-12)

Quienes tuvieron oportunidad de leer nuestro editorial del sábado pasado, fueron testigos de cómo dábamos por segura la victoria del SI en el plebiscito del domingo. Sus promotores lo tenían todo: El dinero del presupuesto público (que Santos pidió que fuera gastado de lleno en la campaña), el apoyo activo de la mayoría de los partídos políticos, conglomerados empresariales y financieros, los principales medios de comunicación, figuras internacionales, etc. Incluso el apoyo expreso de varios obispos (Mons. Luis Augusto Castro se declaró "muy preocupado" por la victoria del NO, y que "la culpa es de todos los colombianos".) y hasta el mismísimo Papa cuyas declaraciones fueron presentadas como condicionando su visita a Colombia a la victoria del SI. ¿Qué teníamos nosotros?: Oración. Oración y mucho esfuerzo para difundir el verdadero contenido y consecuencias de los acuerdos con las FARC.

El Señor aprecia a sus fieles, que confían en su misericordia. Contra​ todo pronóstico la victoria en el plebiscito fue para el NO. Nada puede la maquinaria, la propaganda y el clientelismo frente a la oración de un pueblo que pide a Cristo por la paz que sólo Él puede conceder. Después de toda la difamación, la caricaturización y las amenazas de guerra, el presidente Santos ha tenido que salir a reconocer que no se retomarán las hostilidades, y que quienes defendíamos la opción del NO, no estábamos invitando a la guerra, sino que rechazábamos que se nos impusiera un acuerdo inmoral con la excusa de la paz.

La conclusión de los resultados de ayer: El presidente no puede hacer "lo que se le dé la gana".​ Los colombianos no somos tontos. Santos quiso presionarnos dentro de la disyuntiva del "Todo o nada", y se quedó con nada. Trató de imponer a los colombianos una agenda política inaceptable a través de la falsa disyunción "Paz/Guerra", y salió derrotado. El Plebiscito demostró que la delegación de gobierno fracasó en representar a los colombianos. Por tanto, no tiene sentido que las FARC sigan negociando con una contraparte que no representa al país.Hoy el presidente tuvo que reconocer esto (aunque "olvidó" que había prometido renunciar si ganaba el NO), y admitir que no funcionará un acuerdo de paz hecho a espaldas de los colombianos, para llamar a los comités del NO a participar de la renegociación.

Por su parte las FARC han confirmado que no volverán al monte, como había amenazado Santos. Al contrario han dicho que "mantienen su voluntad de paz". No obstante en el mismo comunicado dicen que "lamentan profundamente que el poder destructivo de los que siembran odio y rencor hayan influido en la opinión de la población colombiana", con lo cual queda en entredicho su supuesta "voluntad de paz". Mientras no abandonen la difamación y distorsión que ellos mismos fabricaron como propaganda, y se abran a entender las verdaderas razones de los colombianos, seguirán dándose contra la pared.

Tal vez quienes más golpeados quedan después de esta victoria del NO, son los obispos. El resultado es una victoria definitiva para la Iglesia Católica, cuerpo místico de Cristo, que estaba amenazada por el "enfoque de género", los "derechos sexuales y reproductivos" y la amenaza de juzgamiento por su condena al comunismo. No es de recibo que el Presidente de la Conferencia Episcopal dé una entrevista en que lamenta el resultado de las votaciones, o que el Arzobispo de Cali acuse a los colombianos de votar por miedo. Claramente, las cartas de un buen número estaban jugadas a favor del SI, y con el resultado la voz pública de los obispos queda en entredicho.

Ni hablar de la imagen del Papa Francisco, cuyo video en que, según los medios, habría dicho que vendría a Colombia si se aprueba el acuerdo, y que debía ser el empujón final para mover a los católicos a votar por el SI. Aunque Mons. Castro ya ha dicho que la visita del Papa no estaba condicionada al plebiscito, bien es sabido que el Papa acostumbra a contradecir en la práctica a sus propios portavoces. Si el Papa viene, tendrá que encontrarse a un país con serias reservas respecto de sus opiniones políticas, pero si no viene quedaría demostrado que su declaración pretendía presionar el voto de los fieles.

Para concluir, los invitamos a dar gracias a Dios por librarnos de la trampa que le habían puesto a nuestro país. Hemos salvado la vida, como un pájaro, de la trampa del cazador: la trampa se rompió, y escapamos.​ Pero tampoco podemos caer en el triunfalismo de pensar que ya todo está ganado. Este es el momento justo en que es preciso dejarle claro al gobierno y a las FARC cuáles son los puntos que no estamos dispuestos a negociar:

  1. No más "Todo o Nada". No más chantaje "Guerra o Paz". Si quieren que se apruebe el acuerdo nuevo, que dejen de subestimar la inteligencia de los colombianos y se nos permita expresarnos en las urnas, decidiendo punto por punto, con la posibilidad de aprobar unas cosas y rechazar otras.
  2. No más agendas políticas, ajenas al fin de la violencia, insertas subrepticiamente dentro del acuerdo. El acuerdo debe limitarse al cese de hostilidades, desarme y desmovilización de las FARC y su reintegro a la vida civil. Nada de "enfoque de género", ni reformas económicas y sociales, ni tribunales y comisiones omnipotentes para juzgar y perseguir a personas o entidades diferentes a las partes negociantes.
  3. No a poderes especiales ni trámites abreviados en el Congreso. Si los acuerdos implican la aprobación de leyes o reformas constitucionales, que estas sean tramitadas por el procedimiento establecido, que permite participación e intervención por parte de la sociedad civil.
  4. No a la promoción y difusión de la ideología comunista con dineros públicos. Si se aprueba permitir la participación política de las FARC, que tengan que competir en igualdad de condiciones como cualquier otro ciudadano. Ni curules garantizadas, ni circunscripciones especiales, ni financiación especial para su partido, canal, emisoras ni "centro de pensamiento". Los colombianos rechazamos la ideología comunista y no tenemos por qué financiar su difusión.

Pero sobre todo lo anterior: No habrá paz sin una conversión real de Colombia a Cristo. A pesar del clamoroso silencio de los obispos, fue evidente para los fieles católicos que no cabía esperar la Paz cuando el país atraviesa por una guerra cruenta contra la Fe. La suspensión del Te Deum del 20 de Julio, y de la Consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, la guerra contra las expresiones públicas de la Fe, como las festividades de Semana Santa que son patrimonio inmaterial de nuestro país, y la guerra de este gobierno por pervertir la educación de los menores a través de la Ideología de Género y proscribir la enseñanza católica a través de la revisión de manuales de convivencia. Por el contrario, bien haría el gobierno en recordar que fue la Consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús la que puso fin a la Guerra de los Mil Días. Una Paz sin Cristo, no es Paz.

Sagrado Corazón de Jesús: Venga tu Reino, Señor.
María, Reina de la Paz: Ruega por nosotros.

Jesús Herrera
Director
Voto Católico Colombia

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