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martes, 1 de noviembre de 2016

El Papa Francisco firma con los luteranos un documento herético y cismático

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Y ha ocurrido. Se ha cumplido el anunciado acto ecuménico de “conmemoración” de la Reforma luterana, entre el Papa Francisco y los luteranos de Suecia. ¿Por qué Suecia? No son claras las razones de que el mencionado encuentro se haya llevado en Lund, en vez de Alemania donde inició el desmadre que fracturó irremediablemente a la cristiandad medieval, o cualquier otro país luterano. Algo si es claro: de todas las “iglesias” luteranas, la sueca es de las peores, si no la peor de todas: Su degradación ha llegado a tal grado, que tanto el “obispado” primado de Suecia, como el “obispado” de Estocolmo están en manos de mujeres. Sí, mujeres “obispas”. Esta última, Eva Brunne, además de ser “obispa” de la capital, está “casada” con una “presbitera” luterana. La abominación en tres palabras: “obispas”, “lesbianas” y “casadas”.

Muchos defienden el mencionado encuentro, afirmando que Francisco, como el buen pastor, va a buscar la oveja perdida para traerla de vuelta al rebaño. Pues bien, ¿Qué dijo el papa Francisco ante las “obispas” que además son lesbianas y se “casan” con otras “sacerdotisas”?:

La experiencia espiritual de Martín Lutero nos interpela y nos recuerda que no podemos hacer nada sin Dios. «¿Cómo puedo tener un Dios misericordioso?». Esta es la pregunta que perseguía constantemente a Lutero. En efecto, la cuestión de la justa relación con Dios es la cuestión decisiva de la vida. Como se sabe, Lutero encontró a ese Dios misericordioso en la Buena Nueva de Jesucristo encarnado, muerto y resucitado. Con el concepto de «sólo por la gracia divina», se nos recuerda que Dios tiene siempre la iniciativa y que precede cualquier respuesta humana, al mismo tiempo que busca suscitar esa respuesta. La doctrina de la justificación, por tanto, expresa la esencia de la existencia humana delante de Dios.

El Concilio de Trento declaró de forma infalible que las afirmaciones de Lutero sobre la gracia eran heréticas, así como su manipulación y supresión de libros de la Santa Biblia, y su doctrina sobre la Iglesia. No obstante el Papa Francisco reivindíca el papel de Lutero y su concepto sobre la gracia. Ni siquiera es necesario preguntar quién tiene autoridad sobre quién.

Pero como si no fuera poco, el Papa Francisco ha firmado una Declaración Conjunta con el “obispo” Munib Yunan, presidente de la Federación Luterana Mundial, en que se reafirma la Reforma Luterana como “un bien” se cuestiona el dogma de la unidad de la Iglesia Católica, y de paso se prepara el camino para la “intercomunión” católica-luterana, dando un reconocimiento implícito a los ritos luteranos y abriendo la puerta al sacrilegio con la eucaristía. A continuación los apartes (subrayas nuestras):

Aunque estamos agradecidos profundamente por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma, también reconocemos y lamentamos ante Cristo que Luteranos y Católicos hayamos dañado la unidad vivible de la Iglesia. Las diferencias teológicas estuvieron acompañadas por el prejuicio y por los conflictos, y la religión fue instrumentalizada con fines políticos. Nuestra fe común en Jesucristo y nuestro bautismo nos pide una conversión permanente, para que dejemos atrás los desacuerdos históricos y los conflictos que obstruyen el ministerio de la reconciliación. Aunque el pasado no puede ser cambiado, lo que se recuerda y cómo se recuerda, puede ser trasformado. Rezamos por la curación de nuestras heridas y de la memoria, que nublan nuestra visión recíproca. Rechazamos de manera enérgica todo odio y violencia, pasada y presente, especialmente la cometida en nombre de la religión. Hoy, escuchamos el mandamiento de Dios de dejar de lado cualquier conflicto. Reconocemos que somos liberados por gracia para caminar hacia la comunión, a la que Dios nos llama constantemente.

¿De qué “dones espirituales y teológicos” de la Reforma se habla? ¿Se referirá a la multiplicación hasta el infinito de sectas protestantes y sus correspondientes derivaciones en la herejía? ¿Se referirá a la descristianización del norte europeo, cuyos países, aunque confesionalmente luteranos tienen el mayor porcentaje de ateos de todo occidente? ¿Se referirá a la disolución de la Cristiandad medieval para abrir paso a la modernidad y su régimen materialista, inmoral y anticristiano? ¿Se referirá a las “obispas” luteranas lesbianas que se “casan” con “presbiteras”? En fin, la lista es interminable. El 31 de octubre de 1517 se abrió la caja de Pandora de la que provienen todos los males del mundo moderno. Si existirá acaso algún “don espiitual y teológico” que haya sugido de la Reforma luterana, será acaso la oportunidad que tuvieron los centenares de católicos que murieron a manos de los protestantes, testimoniando con su sangre la fidelidad a Cristo.

Lo peor se encuentra en el siguiente fragmento subrayado. Al afirmar que los Católicos hemos dañado la unidad visible de la Iglesia, el Papa está reconociendo implícitamente a los luteranos como parte de la Iglesia, y está negando lo que se recita en cada misa al cantar el credo: Creo en la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica. Recordemos cómo lo expresaba el Catecismo Mayor de San Pío X:

151.- ¿Qué es la Iglesia Católica? - La Iglesia Católica es la sociedad o congregación de todos los bautizados que, viviendo en la tierra, profesan la misma fe y ley de Cristo, participan en los mismos Sacramentos y obedecen a los legítimos Pastores, principalmente al Romano Pontífice.

152.- Decid distintamente: ¿qué es necesario para ser miembro de la Iglesia? - Para ser miembro de la Iglesia es necesario estar bautizado, creer y profesar la doctrina de Jesucristo, participar de los mismos Sacramentos, reconocer al Papa y a los otros Pastores legítimos de la Iglesia.

153.- ¿Quienes son los Pastores legítimos de la Iglesia? - Los Pastores legítimos de la Iglesia son el Romano Pontífice, o sea, el Papa, que es el Pastor universal, y los Obispos. Además, con dependencia de los Obispos y del Papa, tienen parte en el oficio de Pastores los otros sacerdotes, y en especial los párrocos.

154.- ¿Por qué decís que el Romano Pontífice es el Pastor universal de la Iglesia? - Porque Jesucristo dijo a San Pedro, primer Papa: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que atares en la tierra será atado en el cielo, y lo que desatares en la tierra, será desatado también en el cielo.” Y, asimismo, le dijo: “Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas.”

155.- ¿No pertenecen, pues, a la Iglesia de Jesucristo tantas sociedades de hombres bautizados que no reconocen al Romano Pontífice por cabeza? - No, señor; todos los que no reconocen al Romano Pontífice por cabeza no pertenecen a la Iglesia de Jesucristo.

156.- ¿Cómo puede distinguirse la Iglesia de Jesucristo de tantas sociedades o sectas fundadas por los hombres y que se dicen cristianas? - Entre tantas sociedades o sectas fundadas por los hombres, que se dicen cristianas, puédese fácilmente distinguir la verdadera Iglesia de Jesucristo por cuatro notas, porque sólo ella es UNA, SANTA, CATÓLICA y APOSTÓLICA.

157.- ¿Por qué la Iglesia verdadera es UNA? - La Iglesia verdadera es UNA porque sus hijos, de cualquier tiempo y lugar, están unidos entre sí en una misma fe, un mismo culto, una misma ley y en la participación de unos sacramentos bajo una misma cabeza visible, el Romano Pontífice.

158.- ¿No podría haber más Iglesias? - No, señor; no puede haber más Iglesias, porque así como no hay más que un solo Dios, una Fe y un solo Bautismo, así no hay ni puede haber más que una sola y verdadera Iglesia.

Son tres los signos visibles que expresan el vínculo que mantiene a la Iglesia Católica en la unidad: 1) Una misma Fe, 2) Un mismo Culto Divino, los mismos sacramentos, y 3) La Sucesión Apostólica por la cual los obipos son ordenados como parte del tallo vivo de la Vid que es Jesucristo a través de sus apóstoles. Pues bien, ¿Profesan los luteranos la misma Fe? No, Lutero adulteró el Evangelio acomodándolo a su doctrina particular. ¿Celebran los mismos sacramentos? No, Lutero redujo los siete sacramentos a dos: Bautismo, y Eucaristía, e incluso ésta ni siquiera es sacramento real, pues ellos niegan el dogma de la transubstanciación y redujeron la misa a una mera cena comunitaria de pan y vino. ¿Tienen Sucesión Apostólica? No, los luteranos adulteraron el sacramento del Orden, al punto de conferir el “orden” a mujeres. La conclusión es clara.

En efecto, la Reforma estuvo alimentada por intereses políticos, por parte de príncipes alemanes que vieron en las herejías de Lutero una forma de zafarse la obediencia debida al Santo Padre y gobernar según sus propios apetitos y su moral hecha a la medida: Lutero es el padre del Estado moderno soberanista y absolutista descrito por Bodin. Del lado de la Iglesia Católica, la excomunión de Lutero no es más que la constatación de un hecho consumado, Lutero y los condenados de sus seguidores habían abandonado la Fe apostólica y se hallaban fuera de la Iglesia Católica, y no perseguía otro interés que proteger justamente la unidad de la Iglesia ante las herejías.

Otro párrafo de la declaración es de gravedad similar:

Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa, como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de los que comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y sed espiritual de nuestro pueblo con el fin de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que progresen, también con la renovación de nuestro compromiso en el diálogo teológico.

Esta parte va en consonancia con el documento titulado “Del conflicto a la Comunión” que, como advertimos previamente, niega el dogma de la transubstanciación de la Eucaristía en un intento de “homologación” de los ritos luteranos, “cena del Señor” en que hacen memoria de la última cena tomando pan y vino, y el sacramento de la Eucaristía, renovación del sacrificio propiciatorio de Nuestro Señor Jesucristo en la cruz, en la que Cristo se hace presente verdaderamente con su cuerpo y su sangre. En efecto, el uso en esta declaración de la expresión “mesa” refleja una intención clara de evitar referirse al altar en que se realiza el sacrificio eucarístico, y advierte que el mecanismo de tal “homologación” sería la degradación de la liturgia católica al nivel luterano.

El Cardenal Raymond Burke, quien hasta hace poco fue prefecto de la Signatura Apostólica, aclaró en entrevista con LifeSiteNews que los no-católicos no pueden recibir la sagrada comunión. “Es sacrilegio, uno de los pecados más graves”, dijo. “ Nadie puede aproximarse a recibir la Santa Eucaristía a menor que crea que la forma que está recibiendo –aún cuando parezca pan, sepa a pan y huela a pan– es en realidad el cuerpo y la sangre de Cristo. Sólo la persona que cree esto puede acercarse a recibir la Santa Comunión”. Recordó además que el apóstol San Pablo había dejado muy claro que quien come y bebe indignamente el cuerpo y la sangre del Señor, “come y bebe su propia condenación”.

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