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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Dejusticia: Las contradicciones de un discurso que se hunde en un vaso de gaseosa.

Dejusticia Bebidas Azucaradas. Campaña

Con argumentos basados en la salud y el bienestar de los colombianos, Dejusticia, el conocido think thank del progresismo, viene adelantando una fuerte campaña en favor del impuesto a las bebidas azucaradas.

Sí, justamente la organización que se ha encargado de dar soporte jurídico a la defensa del aborto y la eutanasia, a la promoción de la agenda LGBT y a la legalización de la droga es la que ahora acude a la salud de los niños, para promover la propuesta de la Reforma Tributaria de imponer un gravamen especial a las bebidas azucaradas.

Este es un debate lleno de contradicciones y que ha llegado a generar confusiones entre la opinión pública. Aún así hay algo que sí queda bien claro: el cinismo con el que los miembros de Dejusticia pretenden defender “los derechos a la salud, alimentación y derechos de los niños”, pues luego de llevar años apoyando la muerte de seres indefensos y la destrucción de la familia  se atreven a presentar una postura de sincera preocupación por  los colombianos.

No podía esperarse menos de una organización como esta, que bajo las banderas de la libertad y la igualdad, defiende la implementación de cuanto “avance” presenta las Naciones Unidas, inclusive cuando estos se relacionan con graves violaciones a la vida y a la dignidad humana. No sobra mencionar que son las declaraciones y estudios de diferentes organismos de la ONU, los que Dejusticia toma como referentes en la defensa tanto de este, como de muchos otros temas.

Con la campaña “que tu salud no pague el precio” Dejusticia busca darle un impulso al impuesto a las bebidas azucaradas, invitando a los colombianos a tomar consciencia sobre los efectos nocivos que tienen aquellas para su salud. Entre algunos de los argumentos más relevantes que se aducen en el marco de esta campaña podemos encontrar:
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i) La disminución en el consumo de bebidas azucaradas reducirá el porcentaje de colombianos con sobrepeso y obesidad.

ii) La mala alimentación y los riesgos dietarios son verdaderos problemas de salud pública de los cuales el Estado se debe ocupar.

iii) El consumo de bebidas azucaradas está relacionado con la muerte causada por enfermedades coronarias, diabetes y enfermedad cerebro-vascular.

iv) El Estado debe garantizar una alimentación de calidad y saludable, libre de bebidas azucaradas y grasas trans.




Resulta paradójico ver que una organización como esta muestre una preocupación tan grande por la salud de los colombianos; cuando es bien sabido que son defensores acérrimos de diferentes “causas” que los llevan a lanzar argumentos como los siguientes -que además de ser un reflejo de su grave desprecio por la vida, son una oda a la libertad que piden restringir con el impuesto a las bebidas azucaradas:


i) La eutanasia se trata de permitir a cada quien vivir y morir según sus convicciones, se trata de cómo quiere morir cada uno.

ii) El aborto (o como ellos lo llaman Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE)) es un tema de autonomía de las mujeres, es un  derecho a decidir sobre su propio cuerpo.

iii) Es momento de dejar de lado la política prohibicionista, y optar por la legalización de las drogas, en vista de que esto permitirá disminuir el consumo de las mismas, lo que a su vez repercutirá en la reducción de la corrupción y la violencia.

iv) La lucha por los derechos de las personas LGBT+ también es una lucha por la libertad y la autonomía personal, es una lucha por vivir de acuerdo a su propia identidad de género y a su orientación sexual.


Así, Dejusticia nos muestran cómo los argumentos en favor de la vida y la salud valen cuando se trata de los kilos de más de los colombianos, más no cuando hablamos de la vida de un ser indefenso o vulnerable o de la salud y el bienestar de todas las personas que se pueden ver afectadas por la legalización de las drogas. 

Y ni hablar de la libertad y la autonomía personal, pues estas alcanzan para que una persona acabe con su vida, para que una mujer decida sobre la vida de su hijo, o para que nuestra sociedad se vea obligada a aceptar un nuevo concepto de “familia”; pero no para que un colombiano cualquiera tenga la posibilidad de decidir si se toma un vaso de gaseosa o uno de agua. Igualmente la libertad de decidir sobre el cuerpo cobra importancia si se trata de un embarazo o de la identidad de género, más no si se trata de la alimentación propia. 

Tal parece que el discurso de la libertad es válido para todo, menos para tomarse un vaso de gaseosa. Y  la vida y la salud valen más cuando la OMS dice que las bebidas azucaradas son perjudiciales para la salud, que cuando surgen denuncias sobre el asesinato de cientos de seres humanos que ni siquiera han salido del vientre de sus madres. 

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