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lunes, 12 de diciembre de 2016

El significado del silencio papal, por Dr. Joseph Shaw

Ofrecemos nuestra traducción del artículo del Dr. Joseph Shaw, presidente de la Latin Mass Society, y uno de los firmantes de la petición de 45 académicos a los Cardenales solicitando corregir errores graves en la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, así como uno de los 23 firmantes de la carta de apoyo a la solicitud de claridad de cuatro Cardenales al Papa Francisco.

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El silencio no es necesariamente una respuesta neutra a una pregunta. Hay una interesante discusión a este respecto en la escena de la Corte en Un hombre para la eternidad. El silencio implica consentimiento: Pero consentimiento a qué, depende del contexto. El silencio puede implicar aprobación o complacencia, o todo lo contrario, o una completa falta de interés.

En cualquier caso, la cuestión del significado es separada de la cuestión sobre el motivo. Los motivos de las acciones pueden estar profundamente escondidos en el corazón; los significados son públicos, y son determinados por el entendimiento del público de las palabras, gestos y el contexto en el que ocurren. No quiere decir que la comprensión de cualquier persona sobre el significado de una declaración u una acción simbólica, o su omisión, es infalible; Sólo indica lo evidente, que no es posible para nadie usar la palabra “no” para significar “si” simplemente por un acto mental inaccesible a los demás. Su declaración podrá ser mentirosa pero sigue significando “no”.

Con el Papa Francisco es difícil no acordarse de la forma cómo los políticos dicen “mi posición es muy clara”, la cual es generalmente seguida por una declaración preparada previamente que no responde a la pregunta. Podemos decir que la posición del Papa es “muy clara” en el mismo sentido. El camino hacia la crisis actual está regado con referencias de cómo la enseñanza sobre la indisolubilidad del matrimonio es mantenida. Pero no menos insistente es la afirmación de que Amoris Laetitia no ha simplemente dejado las cosas como estaban antes. Algo ha cambiado, algo que hará una gran diferencia para un gran número de personas, algo que hace posible para muchos, antes considerados, oficialmente, inelegibles para la Santa Comunión, ser considerados ahora aptos para recibirla, luego de que junto a su amable sacerdote local lo haya “discernido”.

El nivel de confusión es tal, que no es siquiera claro, aún para aquellos que alaban la nueva situación, qué tipo de personas son cubiertas bajo esta nueva dispensa. Un “Bergogliano” nos dirá que se trata de aquellas personas que se encuentran en los límites de la responsabilidad moral, gente llevada al borde de la locura (podría pensarse) por el chantaje de segundas parejas. Otro”Bergogliano”, nos podrá decir que se trata de gente que se encuentra en felices segundas uniones, “abiertas a la gracia”, que pueden discernir su camino de vuelta en la fila de la comunión. Ambas visiones podrán alegar fundamento en partes de la Amoris Laetitia, pero no todos los autoproclamados “partidarios del papa Francisco” están dispuestos a llegar hasta el final de las consecuencias.

En este pozo de confusión, el papa Francisco se niega a intervenir. La confusión ha sido creada por sus declaraciones, sus documentos, y por aquellos a quien él ha nombrado como portavoces o ha promovido. Así pues, es totalmente natural que no quiera intervenir, al menos hasta que tal confusión haya logrado su propósito. Pero entonces ¿cuál podría ser ese propósito? y ¿qué significa todo esto?

Una cosa para notar es que la cultura política de la que el Papa Francisco es nativo es el Peronismo, en el que la creación, manutención, y disolución controlada de la ambigüedad y el conflicto interno – control de crisis-  es una forma perfectamente familiar de hacer las cosas. En efecto, no se necesita ser un peronista para ver las ventajas de este enfoque. La gente aceptará cosas como el precio de resolver una crisis creciente, cosas que no aceptarían en condiciones normales. Si se quiere reconciliar dos bandos atrincherados, o impulsar reformas dolorosas, o suspender el Estado de Derecho, puede ser la única forma de lograrlo.

La segunda cosa a notar es que la cultura política eclesial desde el Concilio Vaticano II es de algún modo complementaria a esto. El colapso de la creencia en la Presencia Real de Cristo y la práctica de la Confesión, por tomar sólo dos ejemplos, son la consecuencia directa de aquello que se le ha enseñado a hacer y a pensar a los católicos, mientras los documentos de la Iglesia nos vienen diciendo que “la doctrina de Trento permanece intacta”, sin reafirmar esas mismas doctrinas con mucha convicción. Las ambigüedades y evasiones de los documentos más autorizados son dejadas de lado con guiños en el siguiente nivel, las Conferencias Episcopales y los Currículos de los Seminarios. En el nivel parroquial los sacerdotes “al día” pueden predicar abiertamente la Doctrina tradicional de la Iglesia.

Permítanme ilustrar:

Paso 1: El Concilio Vaticano Segundo dijo que la lengua vernácula podía ser usada en algunas misas, porque podría ser “muy útil para el pueblo en no pocas ocasiones”

Paso 2: El Papa Pablo VI  dijo en una alocución que la lengua vernácula podría ser “el principal idioma de la Misa”, (¿No es maravilloso? la oración clave está en subjuntivo) el Latín “no se separa de los niños, de la juventud, del mundo de los trabajadores de los negocios” como “una pantalla oscura”.

Paso 3: Las Conferencias Episcopales alrededor del mundo dejan de prever la enseñanza de la Misa en Latín en los seminarios. Recientemente he escuchado que Allen Hall, el seminario de la Arquidiócesis de Westminster, no tiene una sola copia del Novus Ordo Missae en Latín. Los obispos estadounidenses fueron excusados de la obligación, que seguía vigente en el Derecho Canónico, de enseñar Latín a los seminaristas porque, según explicaron, ellos tenían que enseñar Español a sus sacerdotes.

Paso 4: Un sacerdote parroquial puede hoy en día publicar en el boletín de su parroquia (tengo un ejemplo reciente) un ataque a la idea de la liturgia en Latín como totalmente absurda.

“!Oh, pero esto no es sobre doctrina”, He oído decir a los lectores. ¿ De verdad? Bueno, aquí está el Canon IX del Concilio de Trento:

CAN. IX. Si alguno dijere, que se debe condenar el rito de la Iglesia Romana, según el que se profiere en voz baja una parte del Cánon, y las palabras de la consagración; o que la Misa debe celebrarse sólo en lengua vulgar, o que no se debe mezclar el agua con el vino en el caliz que se ha de ofrecer, porque esto es contra la institución de Cristo; sea excomulgado.

Sí, el sacerdote sincero, aunque no especialmente de alto nivel, que sale y dice en su boletín lo que sus superiores y conocedores sólo han sugerido e insinuado, ha sido entregado a la herejía: a una directa contradicción de una enseñanza infalible de un Concilio Ecuménico.

Por razones prácticas ha habido un “salto hacia atrás” (en palabras del Cardenal Pell) en la Doctrina, pero esto no puede ser dicho claramente en el más alto nivel, al menos en el primero. Cuando la nueva postura ha sido insinuada por capa tras capa de ambigüedad oficial, pistas y guiños semi-oficiales, y enseñanzas y prácticas no-oficiales, entonces ellos estarán listos para salir y decirlo abiertamente: al menos, asumo que ese era el plan, o acaso la esperanza.

La situación de Amoris Laetitia no es tan difícil de entender, cuando es vista contra este trasfondo. En una mano, hay un camino conocido de permitir el conflicto y la confusión para hacer algo que es totalmente inaceptable, primero imaginable, luego posible, y luego mejor que podríamos esperar para evitar el desastre total. En la otra mano, hay un camino aún más recorrido de decir algo oficialmente que se podría decir que no contradice la Doctrina tradicional de la Iglesia, lo cual es glosado a nivel semi-oficial, como sabe, apuntando en una dirección particular y sin mencionar nada sobre la vieja doctrina, lo cual será tomado por los sacerdotes de primera línea, que genuinamente buscan el bien de las almas, de forma tal que simple y llanamente contradice –ya no Trento- las palabras de Nuestro Bendito Salvador.

¿Vamos a conseguir una aclaración? Sólo si hay un giro en la política – que no hay que esperar por parte del Papa Francisco – o, alternativamente, si la política cesa para atraer a la oposición. Mientras haya una oposición de la cual hablar, mientras haya alguien de importancia lo suficientemente molesto para señalar aquellos antiguos textos expositivos de la antigua enseñanza, y tomarlos enserio, entonces no será el momento correcto para desambiguar la situación en el nivel oficial.

¿Es esta una lectura cínica de la historia? Pienso que es una lectura caritativa. No estoy diciendo que cualquiera de los involucrados haya tenido cualquier intención que no fuera la mejor. Las apuestas son altas; la oposición está firmemente afianzada; el tiempo está presionando ¿Qué haría usted? Jesús llamó a sus discípulos a ser astutos como las serpientes; siempre ha habido maniobras y politiquería en Roma. El problema es que, si Él dijo algo en absoluto, si Él dio a la Iglesia cualquier enseñanza para guiar a sus niños, entonces necesitamos tomarnos más seriamente esas nociones y textos antiguos, más de lo que lo hace esta política. Y, teniendo en cuenta que el Papa está reacio a salir y decir abiertamente que Jesús estaba equivocado sobre el divorcio, yo me siento en el deber-obligación de oponerme a sus llamados partidarios que lo hacen.

Yo fui bautizado en la Fe Católica, y espero morir en ella. Ojalá todos los Católicos digan lo mismo.

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