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domingo, 8 de enero de 2017

Editorial: Lo que vendrá en el 2017

Si el 2016 fue un año de fracturas, en que la división y la polarización no hizo más que aumentar y obligar a todo el mundo a definirse y asumir bandos, el 2017 será necesariamente el año en que tal división y enfrentamiento se concrete o se resuelva.

En Colombia, después de la derrota de los acuerdos de paz en el plebiscito del 2 de octubre, el presidente Santos decidió utilizar sus mayorías en el Congreso, la Corte Constitucional y el Consejo de Estado, e imponer la implementación "express" de los acuerdos, abriendo cada vez más la brecha entre la élite que se encuentra en el gobierno y la ciudadanía. Saltarse la refrendación popular, tal como obligaba el Acto Legislativo 01 de 2016, lejos de cerrar el debate sobre los acuerdos de paz, lo posterga y ha dado alas a la denuncia de "ilegitimidad" a todos los actos de implementación de los acuerdos, que ya ha empezado con la ley de amnistía, aprobada por el Congreso junto a la Reforma Tributaria.

El debate legislativo del año entrante estará protagonizado por los siguientes proyectos de implementación del acuerdo final, entre ellos el que busca constitucionalizar los acuerdos para hacerlos norma obligatoria para todas las entidades del Estado. Pero además seguirá el trámite del referendo por el derecho a Papá y Mamá en la Cámara de Representantes, y los proyectos de técnicas de reproducción asistida y alquiler de vientres. En paralelo, es bastante probable que investido de poderes absolutos, Santos ordene reactivar la intervención de los manuales de convivencia para la imposición de la Ideología de Género en los colegios.

En el Mundo, la victoria de Donald Trump en las elecciones estadounidenses nos ha salvado de la confrontación directa EE.UU.-Rusia que la política exterior de Obama trataba de provocar. Para la muestra, antes de fin de año, Obama ordenó la expulsión de los diplomáticos rusos y aprobó nuevas sanciones económicas cotra Rusia. Putin, por su parte, desestimó la provocación y la consideró "patadas de ahorcado". Por otro lado, la llegada de Trump a la Casa Blanca promete poner fin a la política pro-aborto y pro-LGBT que Obama había implantado tanto en su país como a nivel internacional.

En la Iglesia, la crisis alrededor de la Amoris Laetitia que se suscitó el año pasado va a llegar a un punto de inflexión inminente luego de la Epifanía, que es cuando el cardenal Raymond Burke afirmó que se haría la "corrección formal de un error en la enseñanza Papal" si el Papa Francisco no respondía a las dubia que los cuatro cardenales que le habían planteado. No se trata de un juicio al Papa, lo cual es imposible, sino señalar que existe un error contra la Fe en un acto del Papa, tal como ha ocurrido con San Pedro, o el papa Juan XXII.

Luego de un acto formal de corrección de un error en la enseñanza del Santo Padre, pueden desprenderse tres escenarios: 1) El Papa admite la corrección de los errores y corrija efectivamente la Amoris Laetitia, 2) El Papa responde a la corrección formal negando tales errores y se pronuncia oficialmente respondiendo a los argumentos señalados por los Cardenales y 3) el Papa ignora la corrección y se reafirma en las enseñanzas señaladas como erróneas. La primera opción es óptima, salvaría la Fe y la unidad de la Iglesia con una declaración formal del Papa en que se cerraría la cuestión ratificando la enseñanza de Juan Pablo II. La segunda opción es inverosímil. El Papa ha decidido no responder a las preguntas planteadas por los cardenales, y sería imposible responder a la corrección sin tener que abordar las preguntas formuladas. La tercera opción implicaría el sostenimiento pertinaz por parte del Papa de una doctrina contraria a la Fe, sería la caída del Papa Francisco en herejía formal. Todos los estudios eclesiológicos y canónicos coinciden en que un Papa que incurriese en herejía formal, cesaría, por definición, de ser Papa.

El 2017 es también el año de muchas efemérides. Ya la Santa Sede ha publicado un documento para la celebración de los 500 años de la Reforma Protestante, en el que se le llama a Lutero “testigo del Evangelio” y se le equipara junto a Calvino y Zwinglio con los santos contrarreformistas como San Ignacio de Loyola y San Carlos Borromeo. La propuesta ya había sido lanzada por los luteranos en tiempos de Benedicto XVI y rechazada por la Iglesia, diciendo “no podemos celebrar un pecado”. Este viraje suscitará una nueva controversia al interior de la Iglesia.

Por otro lado, este año se celebran los 100 años de las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima. Claramente, viendo el Comunismo instalarse en varios países de Hispanoamérica, y mutar hacia la Teología de la Liberación, la Ideología de Género, el ecologismo, y el animalismo, es claro que el mensaje de Nuestra Señora sigue plenamente vigente. Se cumplen, así mismo, 10 años del Motu Proprio Summorum Pontificum, con el que el Papa Benedicto XVI establecía que el rito latino de la Santa Misa, según el Misal de 1962, no podía ser prohibido por los obispos, porque era un derecho de los fieles. La instrucción motivó una dura reacción contra el Papa por parte de los medios de comunicación y un sector progresista de la Iglesia.  

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