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lunes, 31 de agosto de 2020

Carta abierta de académicos e intelectuales en defensa de la Libertad de Cátedra.

32 académicos e intelectuales, tanto colombianos como del extranjero han publicado una carta abierta dirigida a la opinión pública y los medios de comunicación, y en particular al Alto Comisionado para la Paz, Miguel Ceballos Arévalo, y al Portal La Silla Vacía (principal representante de los intereses de George Soros en Colombia) en la cual defienden la Libertad de Cátedra en contra de la persecución emprendida por el mencionado portal en contra de un diplomado en el cual se criticó la ideología progresista.

El pasado 25 de agosto, el medio de George Soros publicó una nota titulada "La enseñanza contra el progresismo en cartilla de la Oficina del Comisionado para la Paz" con la intención de criticar la realización de un Diplomado Virtual en "Paz, convivencia y cultura de la legalidad". ¿La causa de tal crítica?: Haber señalado con acertadísima precisión los fundamentos del complejo fenómeno de la violencia actual en la ideología progresista y sus pilares fundamentales.

Si bien el artículo se enfoca en el haber señalado que el ateísmo sería uno de los pilares de esa ideología progresista, y la relación de la misma con el permisivismo moral, el relativismo y el suicido, al revisar la cartilla, no resulta difícil encontrar el párrafo que resintieron cual estocada y que ameritaba la campaña de desprestigio. Lo transcribimos a continuación:

Algunos de estos trabajos se incluyen en la lista de referencias de esta unidad. Y aquí resulta conveniente, aunque brevemente, mostrar los pilares que constituyen el núcleo conceptual del progresismo, como causas generadoras de violencias secundarias; violencias, por demás, que no se suceden por casualidad y que no vienen de la nada, sino que son resultado de entramados teóricos que, muchas veces de manera silenciosa, se anquilosan, se instalan y se enquistan en los imaginarios colectivos de las comunidades e incluso se imponen al través de agendas legislativas y medios de comunicación y entretenimiento. Estudiar esos entramados teóricos o por lo menos hacerlos conscientes, es el primer paso (punto de partida) para conocer lo que habita tras la violencia, pues todas las prácticas humanas se derivan de teorías previas.Dicho más llanamente: cuando la teoría es nociva, las prácticas envilecen.

El salto de La Silla Vacía al verse retratada de esta forma, no es más que la confirmación de haber dado en el blanco. Ante la demostración, académicamente fundada, del carácter violento de la ideología progresista, sus representantes no encuentran otra respuesta más que la misma violencia, el acoso, la exclusión, el linchamiento y el uso estratégico de la indignación, convirtiéndose en la mejor evidencia en favor de la tesis propuesta.

Por ello mismo, no dejamos de celebrar esta carta abierta, que emula la que hace unos meses fue presentada en los Estados Unidos, denunciando la hostilidad progresista y la ínfulas censoras contra todo pensamiento que le sea contraria. A continuación, el texto completo de la carta.

Carta abierta de académicos e intelectuales a   la opinión pública y los medios de comunicación nacionales e internacionales

C.C. Alto   Comisionado para la Paz en Colombia, Dr. Miguel Ceballos.
C.C. Portal la Silla Vacía.

La nota titulada “La enseñanza contra el progresismo en cartilla de la Oficina del Comisionado para la Paz”, publicada el 25 de agosto de 2020 en el portal de noticias La Silla Vacía, ha desatado una serie de voces indignadas de ciertos sectores de la opinión pública colombiana, quienes conciben que: “señalar al ateísmo como generador de violencia es atentar contra la libertad que tenemos todos de creer o no creer en lo que consideramos”, y lo estiman, por demás, inaceptable en el marco de un “Estado laico”.

En aras de la democracia, se hace necesario defender la legitimidad de la postulación de tales tesis en la arena académica y política, dada la publicidad que se le ha dado al asunto, extrañamente inusual para un debate filosófico, y en la que la nota dominante pareciera ser la descalificación mediática y política de la cartilla Paz, convivencia y cultura de la legalidad.

En Occidente, tanto el celo por la libertad de cátedra como el celo por la libertad de opinión han sido pilares incuestionables de la libertad política, indistintamente de si se trata de la palabra de un funcionario público o un ciudadano

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 18, consagra la libertad de pensamiento, y la Constitución Política de Colombia, en su artículo 27, indica que el Estado garantiza las libertades de enseñanza, aprendizaje, investigación y cátedra. Por consiguiente, el hecho de que un académico, de voz o por escrito, manifieste una convicción teórica, cualquiera ella sea, o que personas e instituciones determinadas expresen su inconformidad o su oposición a tales ideas, no debe censurarse, siempre y cuando se haga en el marco de un lenguaje respetuoso y un espíritu de apertura a la crítica mutua y la discusión racional. Esto es no solamente legítimo, sino, además, deseable y necesario en un Estado Social de Derecho.

En Occidente, tanto el celo por la libertad de cátedra como el celo por la libertad de opinión han sido pilares incuestionables de la libertad política, indistintamente de si se trata de la palabra de un funcionario público o un ciudadano, de una institución privada, pública, o mixta. Una célebre frase de Karl Popper puede ilustrarlo: “El aumento del conocimiento depende por completo de la existencia del desacuerdo”. Por esta razón, es legítimo el desacuerdo de algunos con las tesis planteadas en la Cartilla, pero esto es muy distinto a negar el también legítimo derecho a plantearlas en clases y escritos académicos. Negar este derecho se constituye en censura, y equivale, a prohibir expresar determinadas ideas o posiciones filosóficas. El pluralismo se construye con el debate, no con la censura.

Pedimos al Estado colombiano que se garanticen la libertad de pensamiento y de enseñanza, en vistas a la configuración de un espacio académico genuino en el que el debate y la discusión sean posibles

Por lo anterior razón, no se encuentra en la Cartilla: “persecución contra ideologías y sistemas de pensamiento”, sino la libre expresión de ideas, sustentadas racionalmente y respaldadas por una larga trayectoria bibliográfica de amplio reconocimiento, cuya discusión, insístase, es legítima. La misma cartilla lo explicita con singular claridad y una honestidad intelectual de escasa aparición en cartillas con sellos de gobiernos: “Los pilares de la ideología progresista pueden llegar a ser algunas de las causas teóricas generadoras de violencias secundarias que afectan la convivencia. Este enfoque, sin embargo, como todas las corrientes teóricas hace parte de un debate académico permanente que invita a estudiar y revisar otras vertientes” (p. 12). Por ende, las ideas que se expresan en la cartilla mencionada, hacen parte de la discusión académica atinente a las disciplinas y ciencias implicadas en la temática de la misma, y enriquece la confrontación de ideas de un Estado social de derecho.

Expresamos, pues, un total rechazo a la desnaturalización y caricaturización que pretende hacerse de la manifestación de un punto de vista teórico enunciado de acuerdo con las condiciones de legitimidad exigidas por un Estado Social de Derecho. Igualmente, rechazamos que un documento académico deba ser retirado por las autoridades de gobierno porque no es del gusto de algunas personas o de algunos grupos. Esto, precisamente, encarnaría de facto lo que se pretende criticar como una posibilidad, o sea, el censurar un punto de vista teórico y una concepción de mundo, en el que visiones omnicomprensivas tengan incompatibilidades y contradicciones.

Por todo lo mencionado, esta carta recoge el apoyo de académicos e intelectuales de largas trayectorias, quienes conocen, reconocen y defienden el valor del pluralismo y, además, la calidad y trayectoria académicas del autor de la cartilla, el Dr. Camilo Noguera Pardo. Pedimos al Estado colombiano que se garanticen la libertad de pensamiento y de enseñanza, en vistas a la configuración de un espacio académico genuino en el que el debate y la discusión sean posibles en la búsqueda conjunta de la verdad, lejos de apasionamientos ideológicos y en el marco del respeto a la ley.

Académicos e intelectuales adherentes:

Valdis Indrikis Grinsteins
Canciller de Centro Iuris en Polonia y la Unión Europea

Eloy García, Ph. D
Catedrático de la U. Complutense

Erick Valdés, Ph.D
Presidente de la Red Internacional de Bioderecho

Jaime Contreras Contreras, Ph. D
Exvicerrector de Posgrados de la U. Alcalá de Henares

Álvaro Gallón Rodríguez
Presidente Fundación Galeona de Cádiz

Rodrigo Riaño Pineda
Rector académico U. Tres Culturas México

Carlos Andrés Gómez Rodas, Ph.D
Director Centro Iuris, Medellín, Antioquia

Jorge Yarce, Ph.D
Escritor y periodista independiente

Álvaro José Cifuentes, Ph. D
Presidente del Instituto Latinoamericano de Liderazgo

Ignacio de Hoces Íñiguez, Ph.D
Jurista e historiador

Alejandro Castaño Bedoya, Ph. D
Miembro de número de la International Network of Biolaw

Liliana B. Irizar, Ph.D
Profesora e investigadora universitaria

Juan David Gómez Rodas
Investigador U. Pontificia Bolivariana de Medellín

Mariela Eugenia Rodríguez Jaramillo
Directora de la Escuela de Nazaret, Envigado, Ant.

Daniel Cardona
Decano Facultad de Educación, U. La Gran Colombia

Ricardo Prieto Gutiérrez
Director de la Escuela de Nazaret, Armenia, Quindío

Sergio Rodríguez Jerez, Ph. D
Profesor e investigador universitario

Rafael Durán Mantilla
Profesor e investigador universitario

Jair Peña Gómez
Director del diario El Metropolitano

Andrés Villota Gómez. M.A
Profesor de economía de la U. Nacional de Colombia

Francisco Flórez Vargas, M.A
Jurista e historiador

Mario Pedraza Giraldo
Académico y catedrático internacional

Andrés González Duperly. M.A
Profesor e investigador universitario

Andrés Jaramillo Ortiz
Director Fundación Función Futuro

Javier N. González, M.A.
Profesor e investigador universitario

Luis Ángel Madrid. M.A
London School of Economics y de la Universidad de Warwick

Gilberto Ramírez Espinosa. M.A
Investigador U. Sergio Arboleda

Martha de la Vega. Ph.D
Docente e investigadora universitaria

Santiago Castro Agudelo
Director Académico Lottus Education

Juvenal Infante
Director del Ctro de Est. Asia-Pacifico de la U. Sergio Arboleda

Tamara Saeteros Pérez, Ph. D
Profesora e investigadora universitaria

José A. Hoffman
Premio Ejecutivo Sobresaliente Cámara Junior 2014

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lunes, 27 de julio de 2020

Editorial: ¿Está proscrito el Catolicismo en Colombia?


En nuestro editorial de la semana pasada dábamos cuenta de la persecución contra un sacerdote de la Arquidiócesis de Popayán emprendida por las autoridades civiles y eclesiásticas bajo la instigación de los periodistas de Caracol Noticias. Una semana después, dos hechos adicionales arrojan una claridad aterradora sobre la situación de persecución abierta que vive la Iglesia Católica en nuestro país.

Por una parte, el mismo domingo, Samuel Ángel denunció que periodistas de Noticias Uno se habrían infiltrado en una misa a puerta cerrada en la Parroquia San Juan Bosco en Bogotá con el fin de hostigar y exponer al sacerdote que habría violado la prohibición para atender a sus fieles. Por otra parte, el Tribunal Laboral de Cali resolvió un fallo de Tutela ordenando al Presidente Iván Duque eliminar de su cuenta personal de Twitter el mensaje en el celebraba la fiesta de Nuestra Señora de Chiquinquirá.

La apertura casi plena de los sectores económicos junto a la aprobación dada por gobernantes como Claudia López a la aglomeración de sodomitas el pasado 28 de junio, quienes aprovecharon para vandalizar varios monumentos de la ciudad, deja en evidencia la arbitrariedad jacobina con la que pretenden mantener de forma indefinida la prohibición del culto público. Los sacerdotes, los pocos que tienen espíritu de pastores, han empezado a ingeniar diferentes formas de administrar los sacramentos a la feligresía, incluso a riesgo de sufrir las sanciones de la autoridad civil, eso sí, sin caer en la imprudencia de convocar aglomeraciones de fieles dentro de los templos.

Por eso el dragón de siete cabezas ha enviado a los medios de comunicación como heraldos suyos para intimidar a esos escasos sacerdotes e impedirles que vuelvan al cuidado del redil, mientras los lobos están cenando, y los heraldos han salido alegres de llevar no sólo el estandarte de la persecución política, sino también el de la persecución religiosa. En efecto, así como Caracol Noticias obtuvo declaraciones de Mons. Iván Marín López anunciando medidas contra el P. Londoño, así también Noticias Uno dijo que "autoridades eclesiásticas, incluida la Conferencia Episcopal, coincidieron en manifestar su desacuerdo y molestia" por la misa celebrada a puerta cerrada. ¿Es que no queda en Colombia un solo obispo que no sea un mercenario? ¿No hay un solo pastor que se atreva a salir en defensa de sus ovejas?

De hecho, tampoco hemos escuchado ningún pronunciamiento de algún obispo en contra de la ignominiosa sentencia del Tribunal de Cali. Más allá de la bien merecida censura a Iván Duque, pues hay que carecer de vergüenza para seguir posando de católico mientras pretende mantener prohibida la administración de los sacramentos, la sentencia en cuestión sostiene como hecho jurídico lo que Duque ya había provocado en la realidad: El Catolicismo en Colombia está prohibido.

En una maroma discursiva, que sólo podría habérseles ocurrido a mentes iluminadas como las de jueces colombianos, los magistrados han convertido el derecho fundamental a la Libertad Religiosa en una proscripción absoluta de la Religión:
Así pues, para esa Corporación, el mensaje emitido por el presidente no cumple con los mínimos de justificación y razonabilidad, por ser un claro discurso en materia religiosa cuya divulgación es prohibida, pues implica el desconocimiento del derecho de libertad de culto, y el deber de neutralidad del Estado, y en consecuencia, es vulneratorio del principio de laicidad del Estado, teniendo en cuenta que a las autoridades públicas les está prohibido realizar conductas que constituyan un favorecimiento a una confesión o iglesias, de ahí que, no resulte suficiente la manifestación realizada en el, relativa a «Respetando las libertades religiosas de nuestro país» para entender que no las transgrede.
Se equivocan los que han salido a criticar el fallo como un ataque al Presidente. Duque no es más que un fantoccio dentro de la farsa, que con la misma boca que habla de la Virgen de Chiquinquirá ordena la prohibición indefinida del culto católico. Claro que lo dicho por el Tribunal es gravísimo, pero es aún más grave la prohibición fáctica de la Fe Católica emprendida por Iván Duque y Claudia López.

No queda ya ninguna duda del trágico error cometido por los católicos colombianos cuando en 1991 aceptaron que la Constitución Política dejara de reconocer y proteger públicamente la Fe Católica. Se les vendió el fraude del Estado Laico, con la excusa de mantener la Libertad Religiosa y hoy, esa misma libertad es el arma con que se persigue abiertamente a la Iglesia.
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lunes, 20 de julio de 2020

6 de Agosto: Conferencia "Gabriel García Moreno, Estadista genial, hijo fiel de la Iglesia y mártir de la Fe."


La Sociedad Ecuatoriana Tradición y Acción está extendiendo invitación para una conferencia virtual sobre Gabriel García Moreno, presidente del Ecuador y tal vez el último de los estadistas que en la historia de la Iglesia han servido como ejemplo de santidad. La conferencia contará la presencia de Su Alteza Imperial y Real, Don Bertrand de Orléans y Braganza, Principe Imperial de Brasil.

El evento constará de cuatro ponencias. Don Bertrand expondrá la vida de Gabriel García Moreno bajo la mirada de un Príncipe. A continuación, el Dr. Juan Miguel Montes, Director de la oficina de Tradición, Familia y Propiedad de Roma, presentará la visión de conjunto en el concierto internacional de las naciones. Posteriormente, el Dr. Diego Villamar Dávila hará una semblanza de Gabriel García Moreno como prototipo de jefe de Estado católico. Finalmente, el Dr. Daniel Lopéz Garzón. filósofo e historiador ecuatoriano, detallará el carácter martirial de su vida y asesinato a manos de la masonería internacional.

La conferencia se llevará a cabo el día 6 de agosto a las 17:00 horas (GMT -5:00), y se hará a través de la plataforma Zoom. La asistencia es gratuita, si bien, dado que los cupos son limitados, debe hacerse previa inscripción al whatsapp +593 96164188, al teléfono fijo (04) 2288843, o al teléfono fijo tradicionyaccionec@gmail.com.
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sábado, 18 de julio de 2020

Editorial: Persecución anti-católica contra sacerdote de Popayán

El pasado 15 de julio de 2020 Noticias Caracol publicó una ponzoñosa nota contra el sacerdote Bernardo Londoño de la parroquia de Santo Domingo en Popayán, por haber sido grabado mientras celebrara misa con fieles y administrarles la comunión en la boca. Atendiendo el llamado al linchamiento del presbítero, las autoridades civiles de la ciudad afirmaron estar dispuestas a sancionarlo, y lamentablemente, las autoridades eclesiásticas han querido sumarse a la persecución jacobina.

El 16 de Marzo los obispos de Colombia ordenaron el cierre de las iglesias y la suspensión de misas públicas. Ya han transcurrido más de 120 días y, aunque en amplias zonas del país la vida ha ido regresando a la normalidad, la mayoría de los fieles del país todavía no saben cuándo podrán volver a acceder a los sacramentos, pues con la excusa de proteger su cuerpo, se les ha privado de forma arbitraria del alimento del alma.

Fueron los obispos los primeros en prohibir el culto público, cuando las autoridades del Estado no habían establecido nada al respecto, y fueron los obispos los que tomaron la decisión de privar a los católicos de la celebración de la Cuaresma, el Triduo Pascual, y la Pascua, los tiempos litúrgicos más fuertes e importantes para los católicos. Aunque en varias de sus alocuciones, el Presidente Iván Duque afirmó que las actividades de culto debían seguir prohibidas, calificándolas de "actividad social", no fue sino hasta el Decreto 749 del 28 de Mayo de 2020, que el Estado prohibió la celebración de actividades de culto público.

Esto debería haber provocado la indignación y la respuesta airada de la Iglesia, fieles y jerarquía, por la evidente intromisión del Estado en materia de derecho eclesiástico, violentando abiertamente la naturaleza de la Iglesia como sujeto de Derecho Divino y pretendiendo reducirla a una mera asociación privada de derecho civil. Sin embargo, en lugar de protestar por la extralimitación del poder temporal, hemos visto a los obispos someterse al regalismo del Gobierno Duque, y someterse a la aprobación de unos protocolos, dando al Estado la aceptación tácita de su gobierno sobre la Iglesia.

Ni Iván Duque, ni Claudia López, tienen potestad para prohibir la celebración del sagrado culto de la Iglesia. El Estado no tiene competencia sobre la administración de los Sacramentos, pues es materia de Derecho Divino establecida por Nuestro Señor Jesucristo al constituir la Iglesia. Basta recordar que el Beato Papa Pío IX, condenó en el Syllabus de errores modernos, todas las pretensiones regalistas y galicanas de los regímenes liberales del siglo XIX:

§ V. Errores acerca de la Iglesia y sus derechos
XIX. La Iglesia no es una verdadera y perfecta sociedad, completamente libre, ni está provista de sus propios y constantes derechos que le confirió su divino fundador, antes bien corresponde a la potestad civil definir cuales sean los derechos de la Iglesia y los límites dentro de los cuales pueda ejercitarlos.
XX. La potestad eclesiástica no debe ejercer su autoridad sin la venia y consentimiento del gobierno civil.

§ VI. Errores tocantes a la sociedad civil considerada en sí misma o en sus relaciones con la Iglesia
XXXIX. El Estado, como origen y fuente de todos los derechos, goza de cierto derecho completamente ilimitado.
XLI. Corresponde a la potestad civil, aunque la ejercite un Señor infiel, la potestad indirecta negativa sobre las cosas sagradas; y de aquí no sólo el derecho que dicen del Exequatur, sino el derecho que llaman de apelación ab abusu.
XLIV. La autoridad civil puede inmiscuirse en las cosas que tocan a la Religión, costumbres y régimen espiritual; y así puede juzgar de las instrucciones que los Pastores de la Iglesia suelen dar para dirigir las conciencias, según lo pide su mismo cargo, y puede asimismo hacer reglamentos para la administración de los sacramentos, y sobre las disposiciones necesarias para recibirlos.
La Iglesia creyó ingenuamente que tras sucribir la proposición americana en la Dignitatis Humanae habría encontrado un modus vivendi de separación Iglesia-Estado en el cual le fuera garantizada su autonomía. Han olvidado la enseñanza de San Pío X en su encíclica Vehementer Nos, cumpliéndose como profecía su advertencia de que la teoría de la separación Iglesia-Estado niega la constitución propia de la Iglesia, como persona de Derecho Divino, establecida por el mismo Jesucristo, para reducirla a una mera asociación privada sometida al derecho civil y al arbitrio de las autoridades temporales.

Ahora, al conceder los obispos que la celebración del culto público esté condicionada a la aprobación de los tales protocolos por parte de las autoridades civiles, han puesto ellos mismos el hacha en manos de sus verdugos, pues han admitido la posibilidad de que el Estado regule y juzgue sobre las materias eclesiásticas, y es un arma que no soltarán de buen grado. Para la muestra, Claudia López, fiel a su agenda de muerte, ya ha dejado ver que tiene la intención de mantener a los católicos privados de la eucaristía de forma indefinida y sin razón.

Que López, inmoral confesa, utilice su poder para perseguir a la Iglesia no es de extrañar. Que Duque, que por más que aparenta ser católico trabaja para George Soros, lo haga, tampoco sorprende. Lo que sí sorprende, es que los obispos, en este caso Mons. Iván Marín López, también utilicen su poder para perseguir a los sacerdotes que fieles a su misión y al ejemplo apostólico "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres", y arriesgan todo para atender la necesidad espiritual de las almas a su cargo.

Todo nuestro apoyo al P. Bernardo Londoño y a todos los sacerdotes que han seguido impartiendo los sacramentos a los fieles, a pesar de la jacobina prohibición y el servilismo episcopal. 
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viernes, 12 de junio de 2020

Carta de Mons. Carlo María Viganò a Mons. Athanasius Schneider: "nos enfrentamos a una opción decisiva para el futuro de la Iglesia y para nuestra salvación eterna"

En el interior de todo hombre existe un lugar privilegiado en que el alma se encuentra desnuda ante Dios, y en el cual la Ley Eterna ilumina nuestras vidas y nuestras acciones enseñando a distinguir lo verdadero de lo falso, lo bueno de lo malo. Ese lugar es la conciencia, allí, nuestros actos son juzgados de cara a la verdad y su juicio es tan poderoso que no podemos desatenderlo sin caer en pecado.

El documento que presentamos a continuación es un testimonio invaluable de esta verdad: Una vez la conciencia ha hecho con toda certeza su dictamen preceptivo el hombre está obligado ante Dios a cumplir con su deber como parte de la obediencia debida a Dios, y "hemos de obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hch 5, 29). En ella, Mons. Viganò reconoce el gravísimo error de haber creído que la obediencia incondicional a la Jerarquía salvaría su conciencia, y que a pesar de los crecientes síntomas de apostasía en la Iglesia a partir del experimento conciliar, podría confiar ciegamente en que la Iglesia recuperaría el rumbo por los medios acostumbrados de la autoridad eclesiástica.

No tenemos la menor duda de que en el futuro, esta pieza de correspondencia entre dos pastores de la Iglesia será recordada y estudiada como un retrato histórico fidedigno de la crisis en que la Iglesia quedó sumida a partir del Concilio Vaticano II, de la misma forma en que hoy se estudia a San Atanasio para conocer el cisma arriano, o a Beda el Venerable y Gregorio de Tours para comprender la caída del Imperio Romano.

9 de junio de 2020
San Efrén

He leído con gran interés el ensayo de Su Excelencia, Mons. Athanasius Schneider, publicado en LifeSiteNews el 1 de junio, posteriormente traducido al italiano por Chiesa e post concilio, titulado “No existe la voluntad divina positiva de que haya diversidad de religiones ni hay un derecho natural a dicha diversidad”. El estudio de Su Excelencia resume, con la claridad que distingue las palabras de quienes hablan de acuerdo con Cristo, las objeciones contra la supuesta legitimidad del ejercicio de la libertad religiosa teorizada por el Concilio Vaticano II en contradicción con el testimonio de la Sagrada Escritura y con la voz de la Tradición, y en contradicción también con el Magisterio católico, que es el fiel guardián de ambas.

El mérito del ensayo de Su Excelencia consiste, primero que nada, en su comprensión del vínculo causal entre los principios enunciados -o implícitos- del Concilio Vaticano II y su consiguiente efecto lógico en las desviaciones doctrinales, morales, litúrgicas y disciplinarias que han surgido y se están desarrollando progresivamente hasta el día de hoy.  

El monstruo generado en los círculos modernistas podría haber sido, al comienzo, equívoco, pero ha crecido y se ha fortalecido, de modo que hoy se muestra como lo que verdaderamente es en su naturaleza subversiva y rebelde. La criatura concebida en aquellos tiempos es siempre la misma, y sería ingenuo pensar que su perversa naturaleza podría cambiar. Los intentos de corregir los excesos conciliares -invocando la hermenéutica de la continuidad- han demostrado no tener éxito: Naturam expellas furca, tamen usque recurret [“Expulsa a la naturaleza con una horqueta: regresará”] (Horacio, Epist., I, 10, 24). La Declaración de Abu Dhabi -y como Mons. Schneider acertadamente observa, sus primeros síntomas en el panteón de Asís- “fue concebida en el espíritu del Concilio Vaticano II”, como lo afirma Bergoglio, orgullosamente. 

Este “espíritu del Concilio” es la patente de legitimidad que los innovadores oponen a sus críticos, sin darse cuenta de que ello es confesar, precisamente, un legado que confirma no sólo la naturaleza errada de las declaraciones presentes, sino también la matriz herética que supuestamente las justifica. Si se mira más de cerca, jamás en la historia de la Iglesia un Concilio se ha presentado a sí mismo como un hecho histórico diferente de todos los concilios anteriores: jamás se ha hablado del “espíritu del Concilio de Nicea” o del “espíritu del Concilio de Ferrara-Florencia” ni, mucho menos, del “espíritu del Concilio de Trento”. Tampoco existió jamás una era “post-conciliar” después del Letrán IV o del Vaticano I. 

La razón de ello es obvia: estos Concilios fueron todos, sin distinción alguna, expresión unánime de la voz de la Santa Madre Iglesia, y por esta misma causa, voz de Nuestro Señor Jesucristo. Es elocuente que quienes sostienen la novedad del Concilio Vaticano II adhieran también a la doctrina herética que pone al Dios del Antiguo Testamento en oposición al Dios del Nuevo Testamento, como si pudiera existir contradicción entre las Divinas Personas de la Santísima Trinidad. Evidentemente esta oposición, que es casi gnóstica o cabalística, es funcional para la legitimación de un sujeto nuevo, que se quiere diferente y opuesto a la Iglesia católica. Los errores doctrinales casi siempre revelan algún tipo de herejía trinitaria, y por tanto es mediante el regreso a la proclamación del dogma trinitario que las doctrinas que se le oponen pueden ser derrotadas: ut in confessione veræ sempiternæque deitatis, et in Personis proprietas, et in essentia unitas, et in majestate adoretur æqualitas: confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las Personas, la unidad en la esencia y la igualdad en la Majestad. 

Mons. Schneider cita varios cánones de los Concilios Ecuménicos que proponen lo que, en su opinión, son doctrinas difíciles de aceptar hoy, como, por ejemplo, la obligación de diferenciar a los judíos por las ropas, o la prohibición de que los cristianos sirvan a patrones mahometanos o judíos. Entre esos ejemplos existe también la exigencia de la traditio instrumentorum proclamada por el Concilio de Florencia, que fue posteriormente corregida por la Constitución Apostólica Sacramentum Ordinis de Pío XII. Mons. Schneider comenta: “Se puede rectamente esperar y creer que un futuro Papa o Concilio Ecuménico corrija las declaraciones erróneas hechas” por el Concilio Vaticano II. Esto me parece ser un argumento que, aunque hecho con la mejor de las intenciones, debilita el edificio católico desde sus mismos fundamentos. Si de hecho admitimos que puede haber actos magisteriales que, por el cambio en la sensibilidad, son susceptibles de abrogación, modificación o diferente interpretación por el paso del tiempo, caemos inevitablemente en la condenación del Decreto Lamentabili, y terminamos concediendo justificaciones a quienes, recientemente, y precisamente sobre la base de aquel erróneo supuesto, han declarado que la pena de muerte “no es conforme al Evangelio”, enmendando así el Catecismo de la Iglesia Católica. De acuerdo con el mismo principio, podríamos sostener que las palabras del Beato Pío IX en Quanta Cura fueron en cierta forma corregidas por el Concilio Vaticano II, tal como Su Excelencia espera que ocurra con Dignitatis Humanae. +

Ninguno de los ejemplos que ofrece Su Excelencia es, en sí mismo, gravemente erróneo o herético: el hecho de que el Concilio de Florencia declarara que la traditio instrumentorum era necesaria para la validez de las órdenes no comprometió de ningún modo el ministerio sacerdotal en la Iglesia, haciendo que se confirieran órdenes inválidas. No me parece tampoco que se pueda afirmar que este aspecto, a pesar de su importancia, haya conducido a errores doctrinales por parte de los fieles, algo que sí ha ocurrido, por el contrario, sólo en el último Concilio. Y cuando en el curso de la historia se han difundido diversas herejías, la Iglesia siempre ha intervenido prontamente para condenarlas, como ocurrió en el tiempo del Sínodo de Pistoya de 1786, que fue en cierto modo un anticipo del Concilio Vaticano II, especialmente en su abolición de la comunión fuera de la Misa, la introducción de la lengua vernácula, y la abolición de las oraciones del Canon dichas en voz baja, pero especialmente en la teorización sobre el fundamento de la colegialidad episcopal, reduciendo la primacía del Papa a una función meramente ministerial. El releer las actas de aquel Sínodo causa estupor por la formulación literal de los mismos errores que encontramos posteriormente, aumentados, en el Concilio que presidieron Juan XXIII y Pablo VI. Por otra parte, tal como la Verdad procede de Dios, el error es alimentado por el Adversario y se alimenta de él, que odia a la Iglesia de Cristo y su corazón, la Santa Misa y la Santísima Eucaristía.  

Llega un momento en nuestras vidas en que, por disposición de la Providencia, nos enfrentamos a una opción decisiva para el futuro de la Iglesia y para nuestra salvación eterna. Me refiero a la opción entre comprender el error en que prácticamente todos hemos caído, casi siempre sin mala intención, y seguir mirando para el otro lado o justificándonos a nosotros mismos.  

También hemos cometido, entre otros, el error de considerar a nuestros interlocutores como personas que, a pesar de la diferencia de ideas y de fe, se han movido siempre por buenas intenciones y que estarían dispuestas a corregir sus errores si pudieran convertirse a nuestra Fe. Junto con numerosos Padres Conciliares, concebimos el ecumenismo como un proceso, como una invitación que llama a los disidentes a la única Iglesia de Cristo, a los idólatras y paganos al único Dios verdadero, al pueblo judío al Mesías prometido. Pero desde el instante en que fue teorizado en las comisiones conciliares, el ecumenismo fue entendido de un modo que está en directa oposición con la doctrina previamente sostenida por el Magisterio.

Hemos pensado que ciertos excesos eran sólo exageraciones de los que se dejaron arrastrar por el entusiasmo de novedades, y creímos sinceramente que ver a Juan Pablo II rodeado por brujos sanadores, monjes budistas, imanes, rabíes, pastores protestantes y otros herejes era prueba de la capacidad de la Iglesia de convocar a todos los pueblos para pedir a Dios la paz, cuando el autorizado ejemplo de esta acción iniciaba una desviada sucesión de panteones más o menos oficiales, hasta el punto de ver a algunos obispos portar el sucio ídolo de la pachamama sobre sus hombros, escondido sacrílegamente con el pretexto de ser una representación de la sagrada maternidad.

Pero si la imagen de una divinidad infernal pudo ingresar a San Pedro, fue parte de un crescendo que algunos previeron como un comienzo. Hoy hay muchos católicos practicantes, y quizá la mayor parte del clero católico, que están convencidos de que la Fe católica ya no es necesaria para la salvación eterna: creen que el Dios Uno y Trino revelado a nuestros padres es igual que el dios de Mahoma. Hace veinte años oímos esto repetido desde los púlpitos y las cátedras episcopales, pero recientemente lo hemos oído, afirmado con énfasis, incluso desde el más alto Trono.

Sabemos muy bien que, invocando la palabra de la Escritura Littera enim occidit, spiritus autem vivificat [“La letra mata, el espíritu da vida” (2 Cor 3, 6)], los progresistas y modernistas astutamente encontraron cómo esconder expresiones equívocas en los textos conciliares, que en su tiempo parecieron inofensivos pero que, hoy, revelan su valor subversivo. Es el método usado en la frase subsistit in: decir una semi-verdad como para no ofender al interlocutor (suponiendo que es lícito silenciar la verdad de Dios por respeto a sus criaturas), pero con la intención de poder usar un semi-error que sería instantáneamente refutado si se proclamara la verdad entera. Así, “Ecclesia Christi subsistit in Ecclesia Catholica” no especifica la identidad de ambas, pero sí la subsistencia de una en la otra y, en pro de la coherencia, también en otras iglesias: he aquí la apertura a celebraciones interconfesionales, a oraciones ecuménicas, y al inevitable fin de la necesidad de la Iglesia para la salvación, en su unicidad y en su naturaleza misionera.

Puede que algunos recuerden que los primeros encuentros ecuménicos tuvieron lugar con los cismáticos del Oriente, y muy prudentemente con otras sectas protestantes. Fuera de Alemania, Holanda y Suiza, al comienzo los países de tradición católica no vieron con buenos ojos las celebraciones mixtas en que había juntos pastores protestantes y sacerdotes católicos. Recuerdo que en aquellos años se habló de eliminar la penúltima doxología del Veni Creator para no ofender a los ortodoxos, que no aceptan el Filioque. Hoy escuchamos los surahs del Corán leídos desde el púlpito de nuestras iglesias, vemos un ídolo de madera adorado por hermanas y hermanos religiosos, oímos a los obispos desautorizar lo que hasta ayer nos parecía ser las excusas más plausibles de tantos extremismos. Lo que el mundo quiere, por instigación de la masonería y sus infernales tentáculos, es crear una religión universal que sea humanitaria y ecuménica, de la cual es expulsado el celoso Dios que adoramos. Y si esto es lo que el mundo quiere, todo paso en esa dirección que dé la Iglesia es una desafortunada elección que se volverá en contra de quienes creen que pueden burlarse de Dios. No se puede dar de nuevo vida a las esperanzas de la Torre de Babel, con un plan globalizante que tiene como meta la neutralización de la Iglesia católica a fin de reemplazarla por una confederación de idólatras y herejes unidos por el ambientalismo y la fraternidad universal. No puede haber hermandad sino en Cristo, y sólo en Cristo: qui non est mecum, contra me est

Es desconcertante que tan poca gente se dé cuenta de esta carrera hacia el precipicio, y que pocos adviertan la responsabilidad de los niveles más altos de la Iglesia que apoyan estas ideologías anti cristianas, como si los líderes de la Iglesia quisieran la garantía de que tendrán un lugar y un papel en el carro del pensamiento correcto. Y es sorprendente que haya gente que persista en la negativa a investigar las causas de fondo de la presente crisis, limitándose a deplorar los excesos actuales como si no fueran la consecuencia inevitable de un plan orquestado hace ya décadas. El que la pachamama haya sido adorada en una iglesia, se lo debemos a Dignitatis Humanae. El que tengamos una liturgia protestantizada y a veces incluso paganizada, se lo debemos a la revolucionaria acción de monseñor Annibale Bugnini y a las reformas postconciliares. La firma de la Declaración de Abu Dabhi, se la debemos a Nostra Aetate. Y si hemos llegado hasta delegar decisiones en las Conferencias Episcopales -incluso con grave violación del Concordato, como es el caso en Italia-, se lo debemos a la colegialidad y a su versión puesta al día, la sinodalidad. Gracias a la sinodalidad nos encontramos con Amoris Laetitia y teniendo que ver el modo de impedir que aparezca lo que era obvio para todos: este documento, preparado por una impresionante máquina organizacional, pretendió legitimar la comunión a los divorciados y convivientes, tal como Querida Amazonia va a ser usada para legitimar a la mujeres sacerdotes (como en el caso reciente de una “vicaria episcopal” en Friburgo de Brisgovia) y la abolición del Sagrado Celibato. Los prelados que enviaron las Dubia a Francisco, a mi juicio, evidenciaron la misma piadosa ingenuidad: pensar que Bergoglio, confrontado con una contestación razonablemente argumentada de su error, iba a comprender, a corregir los puntos heterodoxos y a pedir perdón.

El Concilio fue usado para legitimar las más aberrantes desviaciones doctrinales, las más osadas innovaciones litúrgicas y los más inescrupulosos abusos, todo ello mientras la Autoridad guardaba silencio. Se exaltó de tal modo a este Concilio que se lo presentó como la única referencia legítima para los católicos, para el clero, para los obispos, oscureciendo y connotando con una nota de desprecio la doctrina que la Iglesia había siempre enseñado autorizadamente, y prohibiendo la liturgia perenne que había, durante milenios, alimentado la fe de una línea ininterrumpida de fieles, mártires y santos. Entre otras cosas, este Concilio ha demostrado ser el único que ha causado tantos problemas interpretativos y tantas contradicciones respecto del Magisterio precedente, en tanto que no existe ni un solo Concilio -desde el Concilio de Jerusalén hasta el Vaticano I- que no haya armonizado perfectamente con todo el Magisterio o que haya necesitado tanta interpretación.

Confieso con serenidad y sin controversia: fui una de las muchas personas que, a pesar de tantas perplejidades y temores como hoy se ha demostrado ser legítimos, confié en la autoridad de la Jerarquía con incondicional obediencia. En realidad, creo que mucha gente, incluido yo mismo, no consideró en un comienzo la posibilidad de que pudiera haber un conflicto entre la obediencia a una orden de la Jerarquía y la fidelidad a la Iglesia. Lo que hizo tangible esta separación no natural, diría incluso perversa, entre la Jerarquía y la Iglesia, entre la obediencia y la fidelidad, fue ciertamente el presente pontificado.

En la Sala de Lágrimas, adyacente a la Capilla Sixtina, mientras monseñor Guido Marini preparaba el roquete, la muceta y la estola para la primera aparición del Papa “recién elegido”, Bergoglio exclamó: “Sono finite le carnevalate!” [“Se acabó el carnaval”], rehusando desdeñosamente las insignias que todos los Papas hasta ahora habían aceptado, humildemente, como el atuendo del Vicario de Cristo. Pero esas palabras contenían una verdad, aunque dicha involuntariamente: el 23 de marzo de 2013, los conspiradores dejaron caer la máscara, libres ya de la inconveniente presencia de Benedicto XVI y osadamente orgullosos de haber finalmente promovido a un Cardenal que representaba sus ideas, su modo de revolucionar la Iglesia, de hacer maleable la doctrina, adaptable la moral, adulterable la liturgia y desechable la disciplina. Todo esto se consideró, por los mismos protagonistas de la conspiración, como lógica consecuencia y obvia aplicación del Concilio Vaticano II que, según ellos, había sido debilitado por las críticas hechas por Benedicto XVI. La mayor osadía de ese Pontificado fue el permiso para celebrar libremente la venerada liturgia tridentina, cuya legitimidad fue finalmente reconocida, refutando cincuenta años de ilegítimo ostracismo. No es un accidente el que los partidarios de Bergoglio sean los mismos que vieron el Concilio como el primer paso de una nueva Iglesia, antes de la cual había existido una vieja religión con una vieja liturgia. 

No es accidente: lo que estos hombres afirman impunemente, escandalizando a los moderados, es lo mismo que creen los católicos, vale decir, que a pesar de todos los esfuerzos de la hermenéutica de la continuidad, que naufragó miserablemente con la primera confrontación con la realidad de la presente crisis, es innegable que, desde el Concilio Vaticano II en adelante, se construyó una nueva iglesia, superimpuesta a la Iglesia de Cristo y diametralmente opuesta a ella. Esta Iglesia paralela oscureció progresivamente la institución divina fundada por el Señor, reemplazándola por una entidad espuria, que corresponde a la deseada religión universal, teorizada primeramente por la masonería. Expresiones como nuevo humanismo, fraternidad universal, dignidad del hombre, son muletillas del humanitarismo filantrópico que niega al verdadero Dios, de una solidaridad horizontal de inspiración vagamente espiritualista y de un irenismo ecuménico, condenado inequívocamente por la Iglesia. “Nam et loquela tua manifestum te facit [“Tus palabras te ponen en evidencia”]” (Mt 26, 73): este recurrir frecuente, incluso obsesivo, al mismo vocabulario de los enemigos revela la adhesión a la ideología inspirada por ellos. Por otra parte, la renuncia sistemática al lenguaje claro, inequívoco y cristalino de la Iglesia confirma el deseo de separarse no sólo de las formas católicas, sino incluso de su sustancia misma. 

Lo que durante años hemos oído proclamar vagamente, sin connotaciones claras, desde el más alto de los Tronos, lo encontramos ahora, elaborado en un verdadero manifiesto propiamente tal, entre los partidarios del presente pontificado: la democratización de la Iglesia, ya no mediante la colegialidad inventada por el Concilio Vaticano II, sino por la vía sinodal inaugurada por el Sínodo de la Familia; la demolición del sacerdocio ministerial mediante su debilitamiento por las excepciones al celibato eclesiástico y la introducción de figuras femeninas con responsabilidades cuasi-sacerdotales; el silencioso tránsito desde un ecumenismo dirigido a los hermanos separados hacia una forma de pan-ecumenismo que reduce la Verdad del Dios Uno y Trino al nivel de las idolatrías y de las más infernales supersticiones; la aceptación de un diálogo interreligioso que presupone un relativismo religioso y excluye la proclamación misionera; la desmitologización del Papado, emprendida por Bergoglio como tema de su pontificado; la progresiva legitimación de todo lo que es políticamente correcto: la teoría de género, la sodomía, el matrimonio homosexual, las doctrinas maltusianas, el ecologismo, el inmigracionismo… Si no reconocemos que las raíces de estas desviaciones se encuentran en los principios establecidos por el último Concilio, será imposible encontrar una cura: si persiste de nuestra parte un diagnóstico que, contra todas las demostraciones, excluye la patología inicial, no podemos prescribir una terapia adecuada. 

Esta operación de honestidad intelectual exige una gran humildad, primero que nada, para reconocer que, durante décadas, hemos sido conducidos al error, de buena fe, por personas que, constituidas en autoridad, no han sabido vigilar y cuidar al rebaño de Cristo: algunas de ellas, para poder llevar una vida tranquila, otras debido a que tienen demasiados compromisos, otras por conveniencia y, finalmente, otras de mala fe o incluso con un malicioso propósito. Estas últimas, que han traicionado a la Iglesia, deben ser identificadas, llevadas a un costado e invitadas a corregirse y, si no se arrepienten, deben ser expulsadas de los recintos sagrados. Así es como actúa el Pastor, que tiene en su corazón el bien de las ovejas y que da su vida por ellas. Hemos tenido y todavía tenemos demasiados mercenarios, para quienes la aprobación por parte de los enemigos de Cristo es más importante que la fidelidad a su Esposa.

Tal como, hace sesenta años, honesta y serenamente obedecí cuestionables órdenes, creyendo que representaban la amable voz de la Iglesia, hoy, con la misma serenidad y honestidad, reconozco que he sido engañado. Ser coherente hoy, perseverando en el error, constituiría una desgraciada elección y me convertiría en un cómplice de este fraude. Proclamar que existió claridad de juicio desde el principio no sería honesto: todos supimos que el Concilio iba a ser, más o menos, una revolución, pero no podíamos imaginar que iba a serlo de un modo tan devastador, incluso respecto a la obra de quienes deberían haberla evitado. Y si, hasta Benedicto XVI podíamos todavía pensar que el golpe de estado del Concilio Vaticano II (que el Cardenal Suenens llamó “el 1789 de la Iglesia”) estaba experimentando una desaceleración, en estos últimos años hasta el más ingenuo de entre nosotros ha comprendido que el silencio por temor a causar un cisma, el esfuerzo por remendar los documentos papales en sentido católico para remediar su intencionada ambigüedad, los llamados y dubia dirigidos a Francisco que han quedado elocuentemente sin respuesta, son formas de confirmación de la existencia de la más grave de las apostasías a que están expuestos los más altos niveles de la Jerarquía, en tanto que los fieles cristianos y el clero se sienten desesperadamente abandonados y son vistos por los obispos casi con enfado.

La Declaración de Abu Dhabi es la proclama ideológica de una idea de paz y cooperación entre las religiones que podría posiblemente ser tolerada si proviniera de paganos privados de la luz de la Fe y del fuego de la Caridad. Pero todo el que haya recibido la gracia de ser Hijo de Dios en virtud del Santo Bautismo debería horrorizarse con la idea de construir una versión, moderna y blasfema, de la Torre de Babel, buscando aunar a la única Iglesia de Cristo, heredera de las promesas hechas al Pueblo Elegido, con aquellos que niegan al Mesías y con quienes consideran que la idea misma de un Dios Trino y Uno es una blasfemia. El amor de Dios no tiene límites y no tolera compromisos, porque de otro modo no es, simplemente, Caridad, sin la cual no se puede permanecer en Él: qui manet in caritate, in Deo manet, et Deus in eo [quien permanece en el amor, permanece en Dios, y Dios en él] (1 Jn 4, 16). Importa poco que se trate de una declaración o de un documento magisterial: sabemos bien que la mens subversiva de los innovadores juguetea con estas especies de puzzles a fin de difundir el error. Y sabemos bien que la finalidad de estas iniciativas ecuménicas e interreligiosas no es convertir a quienes están lejos de la única Iglesia de Cristo, sino desviar y corromper a quienes todavía creen en la Fe católica, llevándolos a pensar que es deseable tener una gran religión universal que reúna a las tres grandes religiones abrahámicas “en una sola casa”: ¡esto sería el triunfo del plan masónico de preparación del reino del Anticristo! No importa mucho que ello se materialice mediante una bula dogmática, una declaración, o una entrevista con Scalfari en La Repubblica, porque los partidarios de Bergoglio esperan la señal de su palabra, a la cual responderán con una serie de iniciativas que están preparadas y organizadas desde hace ya algún tiempo. Y si Bergoglio no cumple las instrucciones que ha recibido, hay cantidad de teólogos y de clérigos que están preparados para lamentarse de la “soledad del papa Francisco”, a fin de usar esto como premisa para su renuncia (pienso, por ejemplo, en Massimo Faggioli en uno de sus recientes ensayos). Por otra parte, no sería la primera vez que usan al Papa cuando éste actúa según el plan de ellos, y que se deshacen de él o lo atacan tan pronto como no lo hace. 

El domingo pasado la Iglesia celebró a la Santísima Trinidad, y en el Breviario se recita el Symbolum Athanasianum, hoy puesto fuera de la ley por la liturgia conciliar, y ya reducido a sólo dos ocasiones en la reforma litúrgica de 1962. Las primeras palabras de ese suprimido Symbolum merecen estar escritas con letras de oro: “Quicumque vult salvus esse, ante omnia opus est ut teneat Catholicam fidem; quam nisi quisque integram inviolatamque servaverit, absque dubio in aeternum peribit [Quien quiera ser salvado, es necesario, antes que nada, que crea en la Fe católica, porque a menos que mantenga esta fe íntegra e inviolada, sin duda perecerá eternamente]”. 

+ Carlo Maria Viganò

(Traducido y publicado por Asociación Litúrgica Magnificat, Una Voce Chile)
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viernes, 3 de abril de 2020

La prueba es tiempo de gracia: Consagración Personal, Familiar y Nacional al Sagrado Corazón de Jesús


El Mundo está en tiempo de prueba y castigo. No importa si el virus chino apareció por evolución natural en los murciélagos o si fue fabricado en el laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan (En donde, desde 2007 se investigaba con el virus del SARS y el Coronavirus de Murciélago), si se escapó por equivocación del laboratorio chino, o si fue liberado intencionalmente en lo que constituiría la primer arma biológica de destrucción masiva. Nada ocurre en el mundo sin que la Divina Providencia lo prevea y permita, y así como la Santísima Virgen en Fátima predijo la Segunda Guerra Mundial y la amenaza del Comunismo como un castigo que Dios envía al mundo para movernos al arrepentimiento de nuestros pecados, y este virus ha puesto a todos los países, ricos y pobres, ante la perspectiva segura de la muerte y la vanidad de las seguridades temporales.

Por lo mismo, no podemos menos que celebrar que el presidente Iván Duque haya dicho en su alocución del 25 de marzo "que Colombia se encomiende a nuestra Virgen de Chiquinquirá, esa patrona de Colombia, al Sagrado Corazón de Jesús" y esperamos que ese mensaje sea síntoma de que este gobierno se ha arrepentido de sus múltiples ofensas a Dios, como su promoción de la Ideología de género entre los niños, o su pretensión de liberalizar el aborto y criminalizar a los grupos provida. En todo caso, lo consideramos un acierto y reclamamos que en coherencia el presidente Iván Duque debería renovar de forma oficial, no privada sino en calidad de Jefe de Estado, la Consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús.

De todas formas la situación es apremiante, y más al quedar los católicos privados de los sacramentos, no por disposición pública, sino por abandono por parte de los pastores. Conviene pues que cada persona y hogar se consagre también al Sagrado Corazón de Jesús.
"Me hizo ver, que el ardiente deseo que tenía de ser amado por los hombres y apartarlos del camino de la perdición, en el que los precipita Satanás en gran número, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón a los hombres, con todos los tesoros de amor, de misericordia, de gracias, de santificación, y de salvación que contiene, a fin de que cuantos quieran rendirle y procurarle todo el amor, el honor y la gloria que puedan, queden enriquecidos abundante y profusamente con los divinos tesoros del Corazón de Dios, cuya fuente es, al que se ha de honrar bajo la figura de su Corazón de carne, cuya imagen quería ver expuesta y llevada por mi sobre el corazón, para grabar en el, su amor y llenarlo de los dones de que está repleto, y para destruir en él todos los movimientos desordenados. Que esparciría sus gracias y bendiciones por dondequiera que estuviere expuesta su santa imagen para tributarle honores, y que tal bendición sería como un último esfuerzo de su amor, deseoso de favorecer a los hombres en estos últimos siglos de la Redención amorosa, a fin de apartarlos del imperio de Satanás, al que pretende arruinar, para ponernos en la dulce libertad del imperio de su amor, que quiere restablecer en el corazón de todos los que se decidan a abrazar esta devoción." Santa Margarita María de Alacoque, 1673.
Por eso, ponemos a su disposición la Consagración Personal, Familiar y Nacional al Sagrado Corazón de Jesús:

Consagración Personal al sagrado Corazón de Jesús

¡Sacratísima Reina de los cielos y Madre mía amabilísima! Yo N.N., aunque lleno de miserias y ruindades, alentado sin embargo con la invitación benigna del Corazón de Jesús, deseo consagrarme a Él; pero, conociendo bien mi indignidad e inconstancia, no quisiera ofrecer nada sino por tus maternales manos, y confiando a tus cuidados el hacerme cumplir bien todas mis resoluciones.
Corazón dulcísimo de Jesús, Rey de bondad y de amor, gustoso y agradecido acepto con toda la decisión de mi alma ese suavísimo pacto de cuidar Tú de mí y yo de Ti, aunque demasiado sabes que vas a salir perdiendo. Lo mío quiero que sea tuyo; todo lo pongo en tus manos bondadosas: mi alma, salvación eterna, libertad, progreso interior, miserias; mi cuerpo, vida y salud; todo lo poquito bueno que yo haga o por mi ofrecieren otros en vida o después de muerto, por si algo puede servirte; mi familia, haberes, negocios, ocupaciones, etc., para que, si bien deseo hacer en cada una de estas cosas cuanto en mi mano estuviere, sin embargo, seas Tú el Rey que haga y deshaga a su gusto, pues yo estaré muy conforme, aunque me cueste, con lo que disponga siempre ese Corazón amante que busca en todo mi bien.
Quiero en cambio, Corazón amabilísimo, que la vida que me reste no sea una vida baldía; quiero hacer algo, más bien quisiera hacer mucho, porque reines en el mundo; quiero con oración larga o jaculatorias breves, con las acciones del día, con mis penas aceptadas, con mis vencimientos chicos, y en fin, con la propaganda no estar a ser posible, ni un momento sin hacer algo por Ti. Haz que todo lleve el sello de tu reinado divino y de tu reparación hasta mi postrer aliento, que ¡ojalá! sea el broche de oro, el acto de caridad que cierre toda una vida de apóstol fervorosísimo. Amén.

Consagración del Hogar al Sagrado Corazón de Jesús

Sagrado Corazón de Jesús, que manifestaste a Santa Margarita María el deseo de reinar en las familias cristianas, hoy queremos reconocer públicamente Tu dominio absoluto sobre nuestra familia.
Deseamos, de ahora en adelante, vivir con Tu vida; deseamos dejar que esas virtudes se arraiguen y prosperen entre nosotros, por medio de las cuales Tú has prometido la paz aquí abajo; desterraremos lejos de nosotros ese espíritu del mundo que Tú maldijiste
Gobierna, por lo tanto, sobre nuestras mentes a través de la simplicidad de nuestra fe y sobre nuestros corazones a través del amor genuino con el cual arderán por Ti, cuya llama se mantendrá viva a través de la frecuente recepción de la Divina Eucaristía
¡Dígnate, oh Divino Corazón, presidir nuestras asambleas, bendecir nuestras empresas espirituales y temporales, disipar nuestras preocupaciones, santificar nuestras alegrías y aliviar nuestros sufrimientos.
Si alguno de nosotros tuviera en algún momento la desgracia de afligirte, recuérdale, oh Corazón de Jesús, que eres bueno y misericordioso con el pecador penitente.
Y cuando llegue la hora de la separación, cuando venga la muerte a echar la tristeza en medio de nosotros, haremos todo, tanto los que se van como los que se quedan, para estar resignados a tus decretos eternos.
Nos consolaremos con el pensamiento de que llegará un día en que toda la familia, reunida en el Cielo, podrá cantar para siempre Tu gloria y Tu misericordia.
Que el Inmaculado Corazón de María y el glorioso Patriarca San José te presenten esta consagración y la mantengan en nuestras mentes todos los días de nuestra vida.
Toda la gloria al Corazón de Jesús, nuestro Rey y Padre
Amén.

Consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús

Señor Jesús, nuestro Redentor y Salvador: venimos ante Tí en este día de acción de gracias.
Tuyos somos y tuyos queremos ser y, para manifestar públicamente nuestra fidelidad, queremos en este día renovar como colombianos nuestra consagración a Tí: esa consagración que hicimos el día de nuestro bautismo.
Señor, necesitamos que renueves en nuestra patria la fuerza de la fe, sabemos que muchos aun no te han conocido, otros han rechazado tu evangelio y otros han renegado de tí. Te pedimos que, con la fuerza de tu Espirítu, los atraigas todos al amor de Padre, manifestado en tu divino corazón.
Señor, ejerce tu reinado de amor no sólo sobre aquellos que nunca se han alejado de Tí, sino también sobre aquellos que te han abandonado o viven una fe sin sentido: haz que todos vuelvan, como el hijo pródigo, a la casa paterna.
Mira, Señor, con amor a nuestra amada patria Colombia que consagramos orgullosos una vez mas a tu patrocinio, desde el océano atlántico hasta el océano pacifico, desde la Guajira hasta el Amazonas, desde Nariño hasta Arauca, desde san Andrés y Providencia hasta el Vaupés, todo el nuestro territorio quede marcado con la insigne imagen de tu corazón.
Tú sabes que la han invadido muchas semillas de maldad, de odio, de violencia. Tú  conoces que la idolatría de la riqueza y la corrupción han ahogado la verdad y la justicia. Concede a esta tu tierra colombiana por fin la tan anhelada paz que solo tu puedes traernos, y a nosotros, tus hijos, ayudanos a ser auténticos testigos de tu reino.
Concedenos igualmente, Señor Jesús, la gracia de que en Colombia se mantenga siempre viva la fe en tí y en tu Iglesia.
Finalmente te consagramos, Señor, nuestras familias, fundamento de la sociedad y de la Iglesia. Con el don de tu Espíritu fortalece y reanima nuestros hogares, para que cada uno sea de veras pequeña y primera comunidad cristiana, por la fe, la oración y el testimonio. Y que de ellas salgan legiones de hombres y mujeres que queriendo llevar una vida consagrada a tu servicio puedan saciar la inmensa sed de amor de tu adorable corazón.
Que la bandera tricolor baile gloriosa con el viento en este día de júbilo para todo nuestro pueblo, pues sabemos que el Rey y Señor ha estado grande con nosotros y sus proezas se conocen de extremo a extremo del mundo. Su corazón santísimo ha sido fuente inagotable de amor y bendición para nuestra tierra y lo seguirá siendo mientras levantemos con fe y humildad nuestros corazones al cielo.
Que en el mundo reine para siempre tu adorable corazón, Jesús dulce maestro, que llegue a nosotros tu Reino, el Reino de la verdad y de la vida, el Reino de la justicia, el amor y la paz.
Amén.
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domingo, 8 de marzo de 2020

Sres. Obipos: los billetes y monedas sí transmiten virus, la eucaristía no.


El pasado viernes se anunció por parte del Ministerio de Salud la confirmación del primer caso de detección del Coronavirus en Colombia, por lo cual llamó a medidas de higiene y prevención del contagio. La Conferencia Episcopal, siguiendo el ejemplo de otros países ha expedido un comunicado en el que ordenan sacrílegamente que "la comunión debe recibirse en la mano".
7. La comunión eucarística debe recibirse en la mano. Los sacerdotes han de instruir a los fieles sobre la forma de hacerlo, especialmente sobre la necesidad de que quien comulga se lleve a la boca inmediatamente la hostia consagrada a la vista del ministro.
 Ante la instrucción episcopal, que en absoluto se compadece con prevenir el contagio del Coronavirus y por el contrario más parece una excusa para implantar la desacralización de la Eucaristía que en Colombia jamás ha sido aceptada por los fieles, nos permitimos recordar algunos hechos para su consideración:
  1. El número de casos de Coronavirus reportados a lo largo del mundo está más relacionado con el número de pruebas practicadas y menos con la real expansión del virus. Así mismo, la letalidad del Coronavirus no está muy lejos de la Gripe común, y la mayoría de personas que han muerto por el virus eran mayores de 70 años o tenían antecedentes respiratorios o cardiovasculares. Visto lo anterior, es muy probable que mucha gente ya haya incubado y transmitido el Coronavirus sin distinguirlo de una gripa común y corriente. El pánico mediático ha llevado a sobreestimar los efectos de la pandemia y a exagerar las medidas preventivas.
  2. Las manos son la parte del cuerpo más expuesta a transmitir el virus, dado que con las manos tocamos todo lo que está en contacto con otra gente, y por lo tanto es mucho más contagioso recibir las formas en la mano y luego llevarlas a la boca. El sacerdote se ha lavado las manos durante el Ofertorio, los fieles no sólo no tienen cómo hacerlo durante la misa, sino que en ese mismo instante están tocando billetes y monedas para la limosna, lo cual hace que durante la comunión sus manos estén seguramente sucias y representen un grave peligro de contagio. Si los obispos están sinceramente preocupados por el Coronavirus, deberían ordenar que la comunión sólo se reciba en la boca.
  3. El número de personas repartiendo la comunión sí que puede aumentar el riesgo de Coronavirus. Si el sacerdote teme estar contagiado del Coronavirus bien puede abstenerse de celebrar la misa y encargársela a otro, pero si además del sacerdote hay otras cinco y ocho personas repartiendo la comunión, es mucho más probable que alguna de ellas sea portadora del Coronavirus sin saberlo, y termine transmitiéndolo a toda la comunidad parroquial. Si los obispos están sinceramente preocupados por el Coronavirus deberían suspender el uso de Ministros "extraordinarios" de la Comunión durante las eucaristías. 
  4. La OMS ha encontrado que los billetes y monedas son uno de los principales mecanismos de transmisión del Coronavirus. Algo que no ha hecho más que confirmar la sabiduría popular al respecto: Los billetes van de mano en mano y son uno de los mayores transmisores de enfermedades y bacterias. Durante las eucaristías, es mucho más probable que una persona sea contagiada por el contacto con dinero durante las ofrendas, que por la recepción de la comunión. Si los obispos están sinceramente preocupados por el Coronavirus, deberían suspender temporalmente la recepción de la limosna durante las eucaristías. 
  5. En 2009 la Sagrada Congregación para el Culto Divino fue consultada acerca de la posibilidad de prohibir la comunión en la boca a causa de una epidemia de gripe en los Estados Unidos. La respuesta de la Congregación fue negativa, pues “cada uno de los fieles tiene siempre el derecho a recibir la Santa Comunión en la lengua” (Redemptionis Sacramentum, 92), y no es lícito negar la Sagrada Comunión a ningún fiel cristiano a quien no impida la ley recibir la Sagrada Eucaristía”. Los obispos no tienen la potestad de ordenar la comunión en la mano, máxime cuando la norma establece que la comunión debe recibirse en la boca, y el recibirlo en la mano corresponde una excepción a la norma.
En conclusión, si tu párroco dice que por el temor ante el Coronavirus sólo se va a distribuir la comunión en la mano, recuérdale y a los demás fieles, que el contacto de las manos con billetes es mucho más insalubre y representa mayor riesgo de contagio que el contacto con la eucaristía, y que por su salud y la de los demás fieles, deberían abstenerse de llevar dinero a las eucaristías mientras pasa el temor ante la epidemia.
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domingo, 1 de marzo de 2020

Los 10 peores casos de trampa y fraude procesal en la Corte Constitucional


La Corte Constitucional se encuentra estudiando una demanda de la abogada Natalia Bernal Cano, quien ha presentado a los magistrados pruebas sobre la humanidad y el dolor del nasciturus durante el aborto, así como los daños que el aborto provoca en las mujeres. El magistrado Alejandro Linares, ponente del caso, ha resuelto ignorar de plano los argumentos de la demanda y apartarse del estudio de la misma para proponer la liberalización del aborto hasta la semana 16 a partir de consideraciones propias (fungiendo como juez y parte). 

Ante la evidente parcialidad, no sólo de Linares, sino de buena parte de los magistrados, quienes además se encuentran demandados ante la Comisión de Acusaciones del Congreso, se intentó una recusación a 6 de los magistrados, la cual fue rechazada en la misma semana por parte del tribunal. El rechazo de la recusación era perfectamente predecible, pues no se trata de la primera violación grosera del orden jurídico por parte de los magistrados de la Corte Constitucional, y ante las denuncias de los mismos, los magistrados siempre han actuado encubriendo a sus colegas y protegiendo, por tanto, la arbitrariedad impune que han venido ejerciendo desde hace casi 30 años.

Para dar una dimensión del nivel de corrupción y arbitrariedad existente al interior de la Corte Constitucional, hemos decidido recopilar los diez peores casos de trampa y fraude procesal cometidos por los magistrados. No se trata en este caso de ver cómo los magistrados subvierten el texto constitucional para imponer sus agendas ideológicas particulares, pues sobre ello se ha hablado ampliamente en esta página, sino de exponer cómo los magistrados han violentado una y otra vez el orden jurídico, torciendo, ignorando o reescribiendo las normas que regulan el funcionamiento de la misma corte.

Algunos de estos fraudes fueron expuestos por Andrés Balcázar y Gabriel Mora Restrepo en El poder de los brujos: Las trampas de la Corte Constitucional colombiana en materia de aborto. Defendiendo vidas: 2015. Otros son el resultado del seguimento hecho desde esta misma página a las actuaciones de la Corte Constitucional.

10. Los magistrados tergiversan el precedente jurisprudencial e introducen restricciones a un derecho fundamental por la puerta de atrás

Sentencia C-355 de 2006: En el numeral 5, los magistrados tergiversan el precedente jurisprudencial establecido en la Sentencia C-133 de 1994 al decir que en ella no se había reconocido al nasciturus como titular del derecho a la vida, cuando todo un aparte de la C-133 (numeral 5.1) recoge las diferentes disposiciones, de derecho internacional y de derecho interno, por las que se reconoce el derecho a la vida del nasciturus desde la fecundación.
También en la Sentencia C-355 de 2006: En el numeral 10.1 se introducen restricciones a la libertad de conciencia (como impedir que las personas jurídicas puedan objetar) y la aplicación inmediata de la sentencia sin previa reglamentación, que, según puede leerse en el salvamento de voto de los magistrados Marco Gerardo Monroy Cabra y Rodrigo Escobar Gil, “no fueron definidos dentro de las deliberaciones que llevaron a la adopción del fallo, como puede corroborarse con la lectura de las actas correspondientes”, es decir que fueron introducidos por el magistrado sustanciador con posterioridad a la decisión de la Corte.

9. La Corte afecta a terceros en sentencia de tutela pero se niega a reconocerlos como parte

Sentencia T-478 de 2015: La Corte viola el art. 48 de la Ley 270 de 1996, al utilizar una sentencia de un fallo de revisión de tutela para impartir órdenes por fuera de las partes involucradas al ordenar al Ministerio la revisión de los manuales de convivencia de todas las instituciones educativas. Como si fuera poco, cuando los rectores y representantes de los colegios demandaron la nulidad de la sentencia, precisamente por haber sido involucrados sin ser parte, la magistrada ponente, Gloria Stella Ortiz, sin ningún descaro negó las demandas afirmando que sólo las partes involucradas podían pedir la nulidad.

8. La Corte reescribe el texto de las leyes a su antojo

Sentencia C-754 de 2015: La Corte usurpa de forma abierta y descarada las funciones legislativas al pretender reescribir el texto de la Ley 1719 de 2014, sustituyendo la palabra “facultad” que el Congreso había aprobado en su artículo 23, por “obligación” porque era la palabra que a la magistrada Gloria Stella Ortiz y al lobby del aborto les servía mejor. Precisamente esa palabra “facultad” había sido introducida por el Congreso en uno de los últimos debates, debido a que en su redacción original, precisamente la que dejó la Corte, invertía la jerarquía normativa al hacer que la Ley se hiciera subordinada de una resolución expedida por el Ministerio, de forma que la magistrada acabó anulando el trámite legislativo al interior del Congreso al sustituirlo por su parecer.

7. La Corte altera los expedientes para crear las pruebas

Sentencia T-585 de 2010: El magistrado Humberto Sierra Porto altera el expediente para convertir una “indicación de aborto” (el diagnóstico de la médico que aparece en el expediente de tutela) en una “solicitud de aborto” (lo que aparece en la sentencia según la Corte). Es decir, que la Corte condenó al Hospital Departamental de Villavicencio por negar una supuesta “solicitud de aborto” que nunca existió, lo cual además fue certificado por la misma médico tratante ante la Procuraduría.

6. La Corte inventa un daño a la salud, en contra del concepto médico 

Sentencia T-841 de 2011: El magistrado Humberto Sierra Porto inventa un supuesto “daño a la salud mental y proyecto de vida” de una menor de edad, cuando la misma ya había desistido del aborto y decidido tener a su hijo al encontrar la médico tratante en la EPS que el embarazo no representaba ningún riesgo para su salud. La Corte subvierte el concepto médico y científico de los profesionales de la salud, aún cuando en la misma sentencia se menciona que el niño ya había nacido y tanto él como su madre se encontraban bien de salud.

5. La Corte ordena a la Registraduría certificar lo imposible

Sentencia SU-696 de 2015: La Corte ordena a la Registraduría inscribir a dos menores como “hijos biológicos” de una pareja de hombres, sólo porque estos dos pagaron una Fertilización In Vitro y alquilaron el vientre de la mujer que los gestó. Es decir, que para la corte se puede comprar a un niño y que se le registre como hijo biológico. Al respecto recomendamos leer el salvamento de voto del magistrado Jorge Ignacio Pretelt a esta sentencia.

4. La Corte ordena encubrir sus fraudes e investigar a quienes los exponen

Autos 038 y 096 de 2012: Frente a las demandas de nulidad presentadas por la Procuraduría General de la Nación contra las sentencias T-585 de 2010 y T-841 de 2011, al encontrar los evidentes fraudes procesales cometidos por el magistrado Humberto Sierra Porto, la Corte encarga al mismo magistrado Humberto Sierra Porto, quien en lugar de declararse impedido ordena a los jueces e instituciones de salud que mantengan los expedientes e historias clínicas bajo completa reserva y restringe su acceso a los organismos de control. Además, en el Auto 038 de 2012, ordena que se investigue a la médico, al juez y a los funcionarios del juzgado que permitieron a la Procuraduría acceder a la información del caso. Es decir, que al quedar en evidencia su propio fraude, la Corte responde ordenando el encubrimiento y ocultamiento de las pruebas.

3. La Corte hace caso omiso del conflicto de intereses por parte de sus miembros

Sentencia SU-617 de 2014: La Corte concedió la adopción de una menor de edad por parte de la pareja (mujer) de la madre biológica de la menor, con la excusa de que la pareja lesbiana de la madre podía reemplazar la ausencia del padre de la menor. Luego se supo, no sólo que la niña sí conocía a su padre biológico (Con lo que el caso se demostró falso), sino que él era sobrino del magistrado Jorge Iván Palacio. El magistrado ya conocía personalmente a la pareja de lesbianas que buscaba la adopción, pues habían coincidido en el funeral de su hermano, pero el magistrado nunca se declaró impedido, al contrario, el magistrado Iván Palacio fue ponente en las sentencias C-071 y C-683 de 2015 en las cuales se aprobó la adopción de niños por parejas del mismo sexo. En pocas palabras, el magistrado ocultó su conflicto de intereses para la sentencia SU-617 de 2014, y sin ninguna vergüenza lo ignoró, cuando ya era de público conocimiento, en las sentencias C-071 y C-683 de 2015.

2. La Corte avala el homicidio de un niño nacido vivo

Sentencia T-388 de 2009: La Corte avala la práctica de homicidio en un niño nacido vivo, pues dice textualmente “De acuerdo con el informe brindado por el Procurador Delegado para la defensa del Menor y la Familia, en cumplimiento del fallo reseñado Salupcoop EPS practicó la interrupción del embarazo el día nueve de septiembre de 2006 por medio de cesárea, debido a que para aquel momento la actora contaba con seis meses de embarazo.” (numeral 7.3), y en efecto, en el seguimiento del caso que hizo la Procuraduría, se verificó el niño había nacido vivo y fue asesinado con posterioridad al nacimiento.

1. La Corte comete todos los fraudes y trampas posibles en una misma sentencia

Sentencia T-627 de 2012: Son varios los fraudes contenidos en esta sentencia, y es difícil decir cuál es el peor de todos:
  • En primer lugar, la misma Mónica Roa, líder de la tutela, reconoció en una conferencia en EE.UU. que “Fue imposible encontrar una mujer que pudiera probar que no se le había prestado un servicio por lo que el Procurador estaba haciendo. Entonces lo que se nos ocurrió fue que lo íbamos a demandar por el derecho a la información.” Es decir que las mismas demandantes reconocían que no había una vulneración concreta a un derecho fundamental.
  • En la misma conferencia, Roa admite públicamente que las 1200 mujeres que firmaron presentando la acción de tutela fueron “entrenadas” por la ONG pro-aborto Women’s Link Worldwide para poder ser portavoces de la misma.
  • La tutela fue negada por los jueces de primera y segunda instancia, por haber sido hallada sin fundamento, y Mónica Roa tuiteó entonces “No se preocupen con que la tutela contra el Procurador por derecho a la información se haya negado en 1a instancia; está presupuestado.” Es decir que sabían que la tutela iba a ser negada y lo que esperaban era que el Magistrado Sierra Porto la seleccionara.
  • El Magistrado Sierra Porto seleccionó la tutela y alteró los términos de la misma, pues si la demanda original era contra una “violación del derecho a la información”, en la sentencia Sierra Porto lo cambia a una demanda por violación “a los derechos reproductivos de las mujeres, uno de los cuales es el derecho a la información en materia reproductiva”. Es decir, cambió el derecho invocado en la tutela.
  • En la página web de la Corte Constitucional figuraba que el proceso se encontraba suspendido para práctica de pruebas, cuando ya había sido resuelta, pues el magistrado Sierra Porto había dejado la sentencia ya firmada justo antes de renunciar para ir a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, pero la sentencia no se publicó sino hasta un mes después.
  • El magistrado ignora de forma descarada hechos fundamentales hallados por los jueces de instancia, como, por ejemplo, que algunas de las demandantes no podían afirmar falta de información sobre la Píldora del Día Después, máxime cuando pertenecían a la organización que la comercializa en Colombia.
  • El magistrado pretende convertir a al Corte en autoridad científica suprema, pues ordena a la Procuraduría decir que la Píldora del Día Después no es abortiva, y ordena a la Comisión de Regulación en Salud introducir el Misoprostol en el Plan Obligatorio de Salud, a pesar de los conceptos científicos en contra que habían sido presentados.
Ciertamente, los casos aquí expuestos no son los únicos casos, podríamos mencionar el descarado cambio selectivo y repentino de criterios por parte de la Corte Constitucional en las sentencias sobre el Concordato con la Santa Sede o sobre el Plebiscito del 2 de Octubre de 2016. Nos hemos limitado a los casos más graves y que a nuestro juicio muestran el descaro y la desvergüenza a la que han llegado los magistrados en la cumbre de su impunidad. Todos estos casos claman por justicia, y antes que andar pensando en Referendos contra el aborto, los congresistas deberían organizar una investigación exhaustiva, una verdadera Comisión de la Verdad, que desentierre y saque a la luz pública las evidentes y continuas violaciones al orden jurídico cometidas desde la Corte Constitucional, así como organizar una reforma a la justicia, que acabe con el tribunal o permita un verdadero control a las sentencias y así restablecer el Estado de Derecho en nuestro País.
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Sobre la cuestión del Papa verdadero, por Mons. Athanasius Schneider

Reproducimos la última Carta Pastoral de Mons. Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de Astana, Kazakstán, traducida al español por InfoCatólica.

Sobre la cuestión del verdadero Papa a la luz de la opinión sobre la pérdida automática del ministerio papal debido a la herejía y la especulación sobre la renuncia de Benedicto XVI. 

Athanasius-Schneider-3-cópiaLa hipótesis de la posibilidad de un Papa hereje proviene del decreto de Graciano (dist. XL, cap. 6, col. 146) del s. XII. Según la opinión expresada en este decreto, el Papa no puede ser juzgado por ninguna autoridad humana, excepto si ha incurrido en herejía (a nemine est iudicandus, nisi deprehendatur a fide devius). Basándose en este espurio decreto erróneamente atribuido a San Bonifacio (+754) y aceptado por Graciano, los teólogos medievales y los de los siglos posteriores mantuvieron la hipótesis de que pudiese haber un Papa hereje como una posibilidad, pero no con certeza. La condenación final de un Papa en caso de herejía por un así llamado Concilio de Obispos imperfecto corresponde a la tesis del conciliarismo mitigado. La tesis herética del conciliarismo mantiene que un Concilio es superior al Papa. 
Incluso si, según la opinión de que se pudiese perder automáticamente el ministerio petrino debido a una herejía, el juicio de esta pérdida fuese hecho por el Papa sobre sí mismo, y automáticamente dejase de ser Papa sin ningún otro juicio hecho por la Iglesia, tal opinión contendría una contradicción y revelaría un indicio de cripto-conciliarismo. De acuerdo con esta opinión, el Colegio cardenalicio o un grupo de obispos tendrían que emitir una declaración oficial sobre el hecho de la pérdida automática del ministerio petrino debido a una herejía. Según otra opinión, esta pérdida sería equivalente a una renuncia de tal ministerio. Sin embargo, tenemos que tener en mente la inevitable posibilidad de que hubiese un desacuerdo entre los miembros del Colegio cardenalicio o entre los obispos referente a si un Papa puede o no ser culpable de herejía. Por tanto, siempre habrá dudas con respecto a la pérdida automática del ministerio papal. 
El Papa como tal no puede incurrir en herejía formal en el sentido de que él pronunciaría una herejía ex catedra. Pero según algunos famosos teólogos tradicionales, el Papa podría propiciarla o incurrir en ella como persona privada o incluso también como Papa, pero sólo en su Magisterio ordinario de modo no definitivo, que no es infalible. 
San Roberto Belarmino opinaba que “un Papa que es manifiestamente hereje, deja de ser Papa y cabeza, al igual que deja de ser cristiano y miembro del Cuerpo de la Iglesia: por lo tanto, puede ser juzgado y castigado por la misma”. (De Romano Pontifice, II, 30). La opinión de este santo y otras similares sobre la pérdida del ministerio petrino debido a una herejía está basada en el decreto falso de Graciano en el Corpus Iuris Canonici. 
Dicha opinión nunca ha sido explícitamente aprobada por el Magisterio o apoyada por el Romano Pontífice en una enseñanza expresa sobre su validez doctrinal, durante un considerable período de tiempo. De hecho, este asunto nunca ha sido decidido por el Magisterio de la Iglesia y no es una doctrina definitiva perteneciente al Magisterio universal y ordinario. Tal opinión es apoyada sólo por teólogos, ni siquiera por todos los Padres de la Iglesia desde la Antigüedad. No fue enseñada unánime y universalmente por los obispos y Papas en su Magisterio constante. Ni Graciano, ni San Roberto Belarmino, ni San Alfonso, ni otros teólogos de renombre aseveraron con sus opiniones una doctrina del Magisterio de la Iglesia. Algunas de las intervenciones individuales de los Padres del Concilio Vaticano I, que parecían apoyar la postura de la pérdida automática del ministerio petrino debido a herejía, son consideradas como opiniones personales, no como enseñanza formal de dicho Concilio. Y si algunos Papas (como por ejemplo Inocencio III o Pablo IV) parecían apoyar esta postura, esto no es una prueba para la perenne enseñanza del Magisterio ordinario y universal. No se puede citar al Papa Gregorio XVI para apoyar dicha opinión, ya que él fue partidario de esta tesis en su libro “El triunfo de la Santa Sede y la Iglesia contra los ataques de los innovadores” antes de ser Papa, por lo tanto, no pertenece a su Magisterio Papal. 
La pérdida automática del ministerio petrino de un Papa hereje no sólo implica aspectos prácticos y jurídicos de la vida de la Iglesia, sino también doctrinales, en este caso, eclesiológicos. En una materia tan delicada, no se puede seguir una opinión, aunque haya sido apoyada por teólogos renombrados (tales como San Roberto Belarmino o San Alfonso) durante un período considerable de tiempo. En cambio, se debe esperar una decisión formal y explícita del Magisterio de la Iglesia, una decisión que el Magisterio aún no ha promulgado. 
Por el contrario, el Magisterio de la Iglesia, desde Pío X y Benedicto XV, parece que rechazó dicha opinión, ya que la formulación del espurio decreto de Graciano fue eliminada en el Código de Derecho Canónico de 1917. Los artículos que se referían a la pérdida automática del ministerio eclesiástico debido a herejía en el Código de Derecho Canónico de 1917 (artículo 188 §4) y en el de 1983 (artículo 194 §2) no son aplicables al Papa, porque la Iglesia eliminó deliberadamente del Código de Derecho Canónico la siguiente formulación tomada del anterior Corpus Iuris Canonici: “a menos que el Papa se desvíe de la fe (nisi deprehendatur a fides devius)”. Por este acto, la Iglesia manifestó su comprensión, la mens ecclesia, de  este asunto crucial. Incluso si uno no está de acuerdo con esta conclusión, la materia sigue siendo al menos dudosa. En este tipo de asuntos dudosos, sin embargo, no se puede proceder con actos concretos que tienen implicaciones fundamentales para la vida de la Iglesia, tales como por ejemplo no nombrar a un Papa supuestamente hereje o elegido inválidamente en el Canon de la misa o en la preparación de una nueva elección papal. 
Incluso si uno apoya la postura de la pérdida del ministerio papal debido a herejía, en el caso del Papa Francisco, ni el Colegio de Cardenales ni un grupo representativo de obispos han emitido una declaración con respecto a dicha pérdida, en la que se especifique los pronunciamientos heréticos concretos y la fecha en la que ocurrieron. 
Según la postura de San Roberto Belarmino, un solo obispo, sacerdote o fiel laico no puede afirmar el hecho de la pérdida del ministerio petrino debido a herejía. 
En consecuencia, incluso si sólo un obispo o un sacerdote está convencido de que el Papa Francisco ha incurrido en herejía, no tiene autoridad para eliminar su nombre del Canon de la Misa. 
Aunque se estuviese de acuerdo con la opinión de San Roberto, aún hay dudas en el caso del Papa Francisco, y ni el Colegio de cardenales ni ningún grupo de obispos ha hecho ninguna declaración afirmando la pérdida automática del ministerio papal, informando a toda la Iglesia sobre este hecho. 
Los fieles católicos pueden moralmente (pero no canónicamente) distanciarse de las enseñanzas y de los actos erróneos o malos de un Papa. Esto ha ocurrido ya varias veces a lo largo de la historia de la Iglesia. Sin embargo, dado el principio de que se debería dar el beneficio de la duda a un superior (in dubio pro superiore semper sit praesumendum), los católicos deberían considerar también las enseñanzas correctas del Papa como parte del Magisterio de la Iglesia, sus decisiones correctas como parte de la legislación de la Iglesia, y sus nombramientos de obispos y cardenales como válidos. Porque aún en el caso de que uno suscribiese la opinión de San Roberto Belarmino, la declaración necesaria de cese automático del ministerio petrino aún no ha sido formulada. 
Un “distanciamiento” moral e intelectual de las enseñanzas erróneas de un Papa también implica resistir sus errores. Sin embargo, esto siempre debería hacerse con el respeto debido al ministerio petrino y a la persona del Papa. Santa Brígida de Suecia y Santa Catalina de Siena, que amonestaron ambas a los Papas de su tiempo, son buenos ejemplos de tal respeto. San Roberto Belarmino escribió: “Tal como es lícito resistir al Pontífice que ataca al cuerpo, también es lícito resistir al que ataca al alma o destruye el orden civil o, sobre todo, intenta destruir la Iglesia. Yo digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena, e impidiendo la ejecución de su voluntad”. (De Romano Pontifice, II, 29). 
Advertir a la gente sobre el peligro de las enseñanzas y actos erróneos de un Papa no requiere convencerlos de que no es el Papa verdadero. Esto es debido a la naturaleza de la Iglesia católica como una sociedad visible, en contraste con el protestantismo y con la teoría de un conciliarismo o semi-conciliarismo, donde las convicciones de un individuo o de un grupo particular dentro de la Iglesia se considera que tienen un efecto sobre el hecho de quién es el verdadero y válido pastor en la Iglesia. 
La Iglesia es lo suficientemente fuerte y tiene los medios para proteger a los fieles del daño espiritual de un Papa hereje. En primer lugar, está el sensus fidelium, el sentido sobrenatural de la fe (sensus fidei). Es un don del Espíritu Santo, por el que los miembros de la Iglesia poseen el verdadero sentido de la fe. Este es un tipo de instinto espiritual y sobrenatural que hace que el fiel sentire cum Ecclesia (piensen con la mente de la Iglesia) y discierna lo que está en conformidad con la fe católica y apostólica dada por todos los obispos y Papas, a través del Magisterio Ordinario Universal. 
Deberíamos recordar las sabias palabras que el cardenal Consalvi le dijo a un furioso emperador Napoleón cuando éste amenazó con destruir la Iglesia: “Lo que nosotros, es decir el clero, hemos tratado de hacer y no hemos conseguido, no lo va a conseguir usted con toda seguridad”. Parafraseando estas palabras, podríamos decir: “Ni un Papa hereje puede destruir la Iglesia”. El Papa y la Iglesia no son lo mismo. El Papa es la cabeza visible de la Iglesia Militante en la tierra, pero al mismo tiempo él también es un miembro del Cuerpo Místico de Cristo. 
El sentire cum Ecclesia requiere de un verdadero hijo o hija de la Iglesia que elogie al Papa cuando hace lo correcto, y que le pida que haga aún más y que pida a Dios que lo ilumine para que se convierta en un heraldo valiente y defensor de la fe católica. 
El anterior Papa Benedicto XVI ya no es Papa. Basta con releer la parte más importante de su declaración de renuncia para darse cuenta de lo que significa. Las siguientes afirmaciones de Benedicto XVI eliminan cualquier duda razonable sobre la validez de su abdicación, y su reconocimiento del Papa Francisco como único y verdadero Papa: “Y entre vosotros, entre el Colegio Cardenalicio, está también el futuro Papa, a quien ya hoy prometo mi incondicional reverencia y obediencia”. (Discurso de despedida a los cardenales, 28 de febrero 2013). “He dado este paso con plena conciencia de su importancia y también de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo”. (Última Audiencia general, 27 de febrero 2013). ”No hay la menor duda sobre la validez de mi renuncia al ministerio petrino. La única condición para la validez es la total libertad de la decisión. La especulación sobre la invalidez de la renuncia es simplemente absurda”. (Carta a Andrea Tornielli, 18 de febrero 2014, publicada en La Stampa el 27 de febrero del mismo año). Durante una conversación con un periodista del periódico italiano Corriere della Sera, el anterior Papa, Benedicto XVI dijo: ”El Papa es uno, y es Francisco”. Estas palabras de Benedicto XVI fueron publicadas en la edición escrita de ese periódico el 28 de junio de 2019 y anticipadas en la versión italiana de Vatican News el 27 de junio del mismo año. 
La Iglesia es una sociedad visible. Por lo tanto, lo que era esencial para la culminación de la renuncia de Benedicto XVI no eran sus posibles pensamientos sino lo que declaró públicamente, ya que la Iglesia no juzga las intenciones internas (de internis non iudicat Ecclesia). Los posibles actos ambiguos del Papa Benedicto XVI, como vestir sotana blanca, mantener su nombre, impartir la bendición apostólica, etc… no afectan el significado inequívoco de su renuncia. Muchas de sus palabras y acciones comprobables e inequívocas después de su renuncia confirman también que considera que el Papa es Francisco y no él. 
Declarar que el Papa Francisco sea un Papa inválido, ya sea debido a sus herejías o a una elección no válida (en razón de la supuesta violación de las normas del Cónclave o porque el Papa Benedicto XVI sea aún el Papa basándose en la invalidez de su renuncia) son acciones desesperadas y subjetivas destinadas a remediar la crisis actual sin precedentes del Papado. Son puramente humanas y revelan una miopía espiritual. Tales empeños llevan a un punto muerto, a un callejón sin salida. Dichas soluciones revelan un planteamiento pelagiano implícito, para resolver un problema con medios humanos; ciertamente un problema, que no puede ser resuelto mediante esfuerzos humanos, sino que requiere una intervención divina. 
Sólo necesitamos examinar los casos similares de deposición de un Papa o de declaración de invalidez de su elección en la historia de la Iglesia para ver que provocaron aspirantes rivales y enfrentados por el ministerio petrino. 
Tales situaciones causaron más confusión en la Iglesia que el tolerar a un Papa hereje o cuya elección fuese dudosa según la visión sobrenatural de la Iglesia y la confianza en la Providencia Divina 
La Iglesia no es en última instancia humana, sino una realidad divina y humana. Es el Cuerpo Místico de Cristo. Los intentos para resolver esta crisis actual del Papado que se apoyan en la opinión de San Roberto Belarmino con su solución concreta, o refugiarse en la teoría no probada de que Benedicto XVI sigue siendo el único Papa verdadero, están destinada al fracaso desde el principio. La Iglesia está en las manos de Dios, incluso en los tiempos más oscuros. 
No debemos dejar de proclamar la verdad católica y advertir y amonestar cuando las palabras y acciones del Papa claramente dañan a los fieles. Pero como verdaderos hijos de la Iglesia lo que deberíamos hacer ahora es lanzar una seria cruzada mundial de oración y penitencia para implorar una intervención divina. Confiemos en las palabras del Señor: “Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?” (Lucas 18, 7). 
 28 de febrero 2020.
+ Athanasius Schneider, obispo auxiliar de la archidiócesis de Santa María en Astana.
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